No lo se

28 de marzo
Viernes Octava de Pascua

Jn 21, 1-14 Pero los discípulos no sabían que era el Señor

Estabas en la orilla, cuando amanecía. Siempre traes la luz, tu pascua es claridad, aleja las tinieblas y las sombras de muerte. Apareces, Señor, mientras estamos en el trabajo, mientras nos esforzamos, mientras experimentamos nuestras limitaciones, nuestra impotencia. Y tú estás ahí, aunque no sepamos que eres tú, aunque…Necesitamos, deseamos, que nos dirijas la palabra, que nos invites a echar las redes, para darnos cuenta. Necesitamos, y deseamos, que el amor, tu propio amor, nos abra los ojos para verte y reconocerte: Es el Señor.

Paz a vosotros

27 de marzo
Jueves Octava de pascua
Lc 24, 35-48 Paz a vosotros

Que seamos, Señor, hombres y mujeres de paz, que trasmiten tu paz, que la cultivan, que la ofrecen, que la donan gratuitamente, que la proclaman, que la viven y la transmiten. Tu paz en mi mirada, tu paz en mis labios, tu paz en mi corazón Tu paz en mi mano tendida y reconciliadora. Tu paz que todo lo llena y todo lo hace uno, en ti, príncipe de la paz. Tu paz que se derrama en el universo y en todas las criaturas. Tu paz crucificada, tu paz resucitada y resucitadora.

 

 

Arde el corazón

26 de marzo
Miércoles octava de Pascua

Lc 24, 13-35 ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las escrituras?

Arde mi corazón, Señor, cuando te acercas y me dices una palabra que interpreta y clarifica mi vida; arde mi corazón cuando me paro a escucharte y me abres a la soledad sonora de tu presencia, cristalina fuente que en la bodega interior, donde me habitas, me llenas de tu semblante plateado. Arde mi corazón, Señor, y recoge en su fragilidad la llama de tu amor vivo que me consume sin pena por el camino. Arde mi corazón, Señor, en la cena que recrea y enamora. Arde mi corazón  y me haces fuego de amor porque me llamas a anunciar que verdaderamente has resucitado y te apareces en la realidad de nuestra vida.

¿Por qué lloras?

25 de marzo
Martes octava de Pascua
Jn 20, 11-18 Mujer, ¿por qué lloras?

Lloro porque se han llevado a mi Señor, y no se dónde lo han puesto; lloro la pena de amor; lloro el sin sentido de mi vidas in él; lloro el entenderme sin su presencia que todo lo abarca y todo lo llena; lloro por la plenitud a la que estoy llamado y a la que no respondo; lloro porque no hago otra cosa que llorar ausencias cuando su presencia me invita a estar alegre y dichoso; lloro por mi mismo, por no ser capaz de salir  mis tumbas cuando, como María, oigo mi nombre, tras la pregunta: ¿por qué lloras? Lloro porque me cuesta  decir con mi vida:¡¡¡Maestro….!!!

Alegraos

24 de marzo
Lunes octava de pascua
Mt 28, 8-15 Jesús les salió al encuentro y les dijo, alegraos
Alégrate, Iglesia, porque Cristo está en ti resucitado, Señor y dador de vida, luz de luz. Alégrate, creyente, porque has sido llamado a vencer a la muerte, porque Cristo resucitado sale a tu encuentro y te dice: no tengas miedo. Alégrate porque el Señor está tan cerca de ti, tan dentro de ti, en lo más habitual de tu vida, que está, hoy y siempre,  ofreciéndote la salvación en lo cotidiano. Alégrate, porque estás llamado a luz y a la vida en medio la muerte y la oscuridad.

Resucitó

23 de marzo
Domingo de pascua

Jn 20, 1-9 Hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos

Ir al sepulcro al amanecer, aún oscuro, y no entender. Ver el sepulcro vacío y no entender.  Anunciar a los demás lo visto y la confusión. Correr hacia la tumba, ver las vendas, no entrar… no entrar. Y de pronto, junto a Pedro, ver y creer. Ver y entender más allá de toda comprensión. Ver con desde el interior más profundo, ver y no necesitar explicación porque lo visto llena e ilumina. Así quiero el don de ver tu resurrección, y de entender tu vida que me da la vida, Señor, Dios mío.

Viernes santo

21 de marzo
Viernes Santo

Salmo 30  Tú eres mi Dios

 Porque tú eres mi Dios. Mirarte en la cruz. Ir más allá de la mirada. Contemplar desde el corazón. Sin palabras. Latiendo de amor. Saber, más allá de toda sabiduría, que junto a  tu cruz, en tus manos crucificadas, abiertas y redentoras, encomiendo mi espíritu. Acogerme junto a ti; confiar en ti; esperar en ti. Crucificado. Y dejar que me digas, que me muevas, que me unas a ti. A tu vida, y a tu muerte en cruz. Cada día. Amén.

Jueves santo

20 de marzo
Jueves Santo

Jn 13, 1-15 Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros también vosotros lo hagáis
Me lavas, los pies, me sirves, te haces esclavo; te entregas sin reservas, te donas, te haces tú mismo don,  con él me das tu vida.  Pasas por mi vida bendiciéndome, ofreciéndome la comunión contigo, vida y resurrección. Salvas, sanas, curas, te acercas a los marginados, vives en intimidad con el padre, perdonas a los pecadores, eres poeta de la compasión, buscador de Dios, defensor de los últimos, maestro de vida, creyente fiel, amigo de tus amigos, de mí. Para que en tu nombre haga lo mismo.

Miércoles Santo

19 de marzo
Miércoles Santo

Is 50, 4-9 Cada mañana me espabila el oído, para que escuche

Lo que el profeta escribe del varón de dolores, que se aplica a ti en la cruz, Señor, ( yo no me resistí, ofrecí mi espalda a los que me apaleaban, no me tapé el rostro ante ultrajes) es la manera que hoy tienes de abrirme el oído a la realidad de tu salvación. Me ayudas en tu cruz, que me ofreces. Te acercas a mí en tu pasión, en la que me invitas a participar. Me dices una palabra de aliento cuando expiras y entregas tu espíritu, para darme vida. Quedo en silencio, escuchándote, Señor.

Martes Santo

18 de marzo
Martes santo
Jn 13, 21-33.36-38 Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar

Me dices esta frase profundamente conmovido. Me dejas perplejo, como a los discípulos. Quiero creerme junto a tu pecho, reposando amor, gozando el ser amado, y preguntarte confundido: Señor, ¿quién es? Sin darme cuenta, Señor, la cantidad de veces que te entrego, y te vendo, y te cambio, y te utilizo, y no te dejo ser salvador de mi vida, sino que te reduzco a un ídolo al que quiero controlar.  Aún sabiéndolo te digo que quiero dar la vida por ti. Y tú, que tan bien me conoces, me miras con cariño y me aseguras que no cantará el gallo antes de que te haya negado tres veces.