4 de febrero
Miércoles III semana
Mc 6, 1-6 No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa
El otro día, por una nimiedad, pensé que esta frase se podría aplicar, de alguna manera, a algo de lo que estoy viviendo. Probablemente una exageración narcisista de mi parte. Que viva con naturalidad lo que vivo, que no me enrede en nada, que no se desordenen mis afectos, que viva con la libertad que tú me regalas. Es lo que te pido, Señor.









