Emaús

19 de abril
III domingo de Pascua

Lc 24, 13-35 ¿No ardía nuestro corazón…?

En la semana de pascua este versículo daba lugar a mi oración. Y hoy lo repirto. Porque mi corazón arde por ti, Señor, y se consume, con llama viva en ocasiones, con los rescoldos de esa llama muchas veces. Arde mi corazón con tu presencia viva, que me vivifica, aunque yo no sepa cómo. Arde mi corazón con tu palabra. Arde mi corazón en la eucaristía, cada día. Gracias, Señor.

Sin fe

18 de abril
Sábado II de pascua

Hechos 6, 1-7 Incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe

Eso te pido , Señor, que aumentes nuestra fe, la de los sacerdotes, que des el don de la fe a los que la tienen muerta, y no son capaces de trabajar por la justicia y la paz, la dignidad de todo ser humano, o no tienen fe para verte en la persona pobre, presa, en la enferma, en la desnuda, en la que tiene sed, en la forastera que viene a nuestra puerta eclesial, a la abusada sexualmente, espiritualmente o en su conciencia por sacerdotes de tu Iglesia, y es ignorada, o silenciada….haznos, a tus sacerdotes, a tus obispos, crecer en la fe.

Luz y salvación

17 de abril
Viernes II de pascua

Salmo 26 El Señor es mi luz y mi salvación

Que no se me olvide, que lo repita y lo proclame, tú eres mi luz y mi salvación, tu eres mi vida, tú eres mi amor, tú eres el centro, el origen y el fin, tú, Señor resucitado, el que se acerca a los sencillos y a los pequeños, a los pobres y necesitados, a los que yacen en tinieblas y en sombra de muerte, a los que despreciamos en el mundo, a los inmigrantes regularizados…tú, luz y salvación.

tanto amó

16 de abril
Jueves II de pascua
Hechos 5, 27-33 El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis

Es uno de los anuncios que están fundamentando la fe, al principio de la predicación, en los inicios de la Iglesia, cuando todo era proclamar la buena noticia de tu muerte y resurrección, Señor Jesús. Me pregunto cómo hago hoy para anunciarte en medio de una sociedad descreída, que te ignora, y que es indiferente a la buena noticia.

Desbordado

15 de abril
Miércoles II de pascua

Jn 3, 16-21 Tanto amó Dios al mundo

Tu amor que desborda. Y la mezquindad cicatera que tenemos, tantas veces, los que formamos parte de tu Iglesia, cuando tasamos, limitamos, o administramos la exuberancia de tu amor, que todo lo trastoca, que no se contiene, que va más allá de nuestros límites, nuestros pensamientos, nuestra restringida capacidad de comprender el misterio infinito de tu amor, hecho carne en el Hijo.

Un solo corazón y una sola alma

14 de abril
Martes II de pascua

Hechos 4, 32-37 El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma

En ti estamos unidos. En ti, que eres uno, somos uno. Variedad y diversidad en la Iglesia, tan necesaria, dentro de la unión que es don tuyo. Siempre tu don. Diferencias y diversidad en nuestras comunidades cristianas, religiosas, en nuestra parroquias, en las obras de la iglesia, sabiendo que solo tú eres el garante de la unidad, porque todos somos iguales en dignidad, ante ti, que nos unes.

Renacer

13 de abril
Lunes II de pascua

Jn 3, 1-8 Tenéis que nacer de nuevo

Renacer. En tu vida resucitada. Renacer tras nuestra muerte. Renacer cada día en una conversión permanente. Renacer por el don de tu espíritu, que nos recrea. Renacer, Señor Dios nuestro. Estamos en ti, renacidos. Y nuestra vida debería responder a el don que tú nos das.

Paz

12 de abril
II Domingo de Pascua

Jn 20, 19-31 Paz a vosotros

La paz: el don de tu presencia resucitada. La paz que tanto ansiamos, la paz que se quiebra continuamente, a escala mundial y a escala individual. La paz que es fruto de la justicia, que la besa, y de tu misericordia, que mueve nuestros corazones para que nos convirtamos a ella. Danos, Señor, el donde tu presencia viva, que siempre nos conduce a la paz.

Pascua VII

11 de abril
Sábado octava de pascua

Mc 16, 9-15 Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana

Las aves del alba con su canto de plumas. El rocío que comienza ya a mojar cada piedra, las hojas de los árboles. Nada puede verse, todo es luz que deslumbra. El verdor naciente de la tierra estalla en primavera. El canto intermitente del mirlo, oculto en la hendidura de la roca, la piedra corrida. El alba aparenta toda como un canto. Todo está en la cumbre, bien dispuesto para la vida. Como si allí nadie supiera de la muerte. Miro llegar la luz. Oigo los verderillos del amanecer. Tu vida amado, Cristo comienza a hablar en mí.