Heraldo

4 de febrero
Domingo V

I Cor 9, 16-19.22-23 ¡Ay de mi si no anuncio el evangelio!

¡Ay de mi si no anuncio el evangelio de la alegría, en el que tú me has dado la vida, me has hecho crecer vocacionalmente, en el que me mantienes, en el que experimento, cada día, la fuerza de tu bondad, de tu amor lleno de ternura y misericordia!¡Ay de mi si no proclamo lo que recibo!¡Ay de mi cuando me quedo silencioso y cómodo en mis cuarteles! Solo tu fuerza es la que me moviliza y me convierte en tu heraldo, para proclamar tus grandezas.

A solas

3 de febrero
Sábado IV

Mc 6, 30-34 Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco

Dos condiciones verdaderas para un descanso en ti: la soledad contigo, el lugar desierto. Sin otra luz ni guía que la que en el corazón arde. Centrado en tu persona, desprendido. Allí, en el desierto, en la soledad, me sigues seduciendo. Y quiero dejarme seducir. Así te conviertes en mi verdadero descanso. En tus manos estoy.

Consagrados

2 de febrero
Jornada mundial de la Vida Consagrada

Lc 2, 22-40 Porque mis ojos han visto a tu Salvador, luz para alumbrar

Mis ojos te han visto porque tú me has visto, y visitado de lo alto, como luz que alumbra mis tinieblas. Mis ojos te han visto, Señor, y aquí estoy, unido a ti por la profesión religiosa, en la Compañía de María. Gracias por el don que nos haces, gracias por el don de la vida religiosa dentro de la Iglesia, gracias por tanta vida recibida y donada, y por esta crisis de disminución radical que sufrimos. Estamos en tus manos, tú sabrás.

Desnudos

1 de febrero
Jueves IV

Mc 6, 7-13 Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más

Y nada más. Deprendidos de todo, sin nada. Así es como envías a los apóstoles para predicar, con autoridad sobre los espíritus inmundos. Así es como tu fuerza se hace más evidente: desde la pobreza, la debilidad, la fragilidad…Es lo que me cuesta tanto comprender, y por eso te pido Señor, ayuda.

Profeta

31 de enero
Miércoles IV

Mc 6, 1-6 No desprecian a un profeta sino en su tierra, entre sus parientes y en su casa

Tu palabra, una vez más, ilumina lo que podemos vivir, porque nos une a tu experiencia, y en esa propia experiencia renacemos. Cuando somos rechazados, o ignorados, por los más cercanos, sentimos un dolor que nos puede ayudar a desprendernos de nosotros mismos, de nuestro ego dominante, y entrar en la sencillez del pobre de espíritu. Fácil de decir, complicado de vivir. En tus manos estoy.

Por ti

30 de enero
Martes IV

II Sm 18, 9-10.14.24-25.31-19,3 Absalón hijo mío, hijo mío Absalón

Así se lamenta David cuando se entera de la muerte de su hijo. Quien me diera haber muerto en tu lugar. Y así, también, prefigura lo que tú has hecho por nosotros, morir para que tengamos vida, y vida abundante. Te pido, Señor, por todos los que sufren la muerte de sus hijos, y entran en una historia de dolor inenarrable. Sé tu su fortaleza.

Testigo

29 de enero
Lunes IV

Mc 5, 1-20 Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el señor ha hecho contigo

La gran misericordia que has tenido con mi vida, Señor. Es lo que quiero y debo anunciar. De ello doy testimonio cada día. Por amor a tu nombre. Para tu gloria. Por tu gran piedad para conmigo, porque me salvas del abismo profundo de una vida sin ti.

Espíritu inmundo

28 de enero
Domingo IV

Mc 1, 21-28 Un hombre tenía un espíritu inmundo

Y nos libras de los espíritus inmundos, que nos rodean, los pensamientos que nos impiden vivir en la libertad de tus hijos, los miedos, las agresividades, las iras, las envidias, las frustraciones, los rencores, la prepotencia, el orgullo, la soberbia, en fin, todo lo que nos impide que seamos quien tú nos llamas a ser.

Fe

27 de enero
Sábado III

Mc 4,35-41 ¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?

Pongo mis miedos, tan frustrantes, tan paralizantes, tan irreales, pues no existen nada mas que en mi mente, y no en la realidad, ante ti, Señor, para que tú aumentes mi fe, y me hagas crecer en confianza que entre tus manos estás mis azares, que mi suerte está en tus manos.

Sin nada

26 de enero
San Timoteo y san Tito

Lc 10, 1-9 No llevéis ni alforja, ni sandalias

Así, el evangelizador, desprendido de todo, y sobre todo de sí mismo, para proclamar tu salvación, tu cercanía, el don de tu amor. Siervos inútiles somos, hacemos lo que tu nos llamas a hacer. Ayúdanos a dar gratis lo que hemos recibido gratis. En tus manos estamos, Señor.