
5 de diciembre
Jueves I de adviento
Is 26, 1-6 Su ánimo está firme
En medio de mis zozobras y temores, mi ánimo está firme, porque confío en ti. La paz que me ofreces mantiene mi dicha incólume. Tú, Señor, el manantial de mi dicha serena.
Comentarios diarios a la Palabra de Dios, que ayuden a rumiarla y encarnarla
4 de diciembre
Miércoles I de adviento
Is 25, 6-10 Arrancará
Arranca, Señor, el paño que cubre mis ojos, arranca, Señor, los velos de mi ceguera, arranca Señor, mi corazón de piedra, aniquila mis muertes con tu vida. Hazme arrullar como una paloma, pues escucho la melodía de tu amor en celo, hazme brincar como un cervatillo, pues olisqueo tu venida lleno de gloria y majestad en la carne pobre y perdida de la humanidad.

3 de diciembre
Martes I de adviento
Is 11, 1-10 Brotará un renuevo
Y así es, Señor, en medio del invierno tu Iglesia brota renovada en medio de nuestra humanidad, y se muestra como madre llena prudencia, de sabiduría, dando su consejo y su valentía, manifestándose llena de tu amor, juzgando a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados, rica en misericordia. Y todos contemplan admirados, pasmados y enternecidos el obrar de tu espíritu, que nos sigue desconcertando.

2 de diciembre
Lunes I de adviento
Mt 8, 5-11 Ven
Qué alegría, Señor, cuando escucho tu llamada: ¡ven! Y aunque no la escuche claramente, la intuyo, porque arde en mi corazón el deseo de ti: ¡ven! Y aunque no la escuchara en absoluto querría que el recuerdo de tu gozo me sepultara como los copos de nieve y pudiera morir helado yendo a ti, aún sin saberlo, mi joya y mi gloria, mi danza sin fin.

1 de diciembre
I domingo de adviento
Is 2, 1-5 Venid
Ven, ven, ven, despierta ya de tu sueño, entra en la claridad del nuevo día, tu salvación está ya más cerca, es inminente, en tus noches se terminan las noches, en tu vida despunta la aurora de la bendición inaudita, del abrazo que te funde y te trae mi salvación. Revístete de mi, de mi luz admirable, del gozo y la alegría con el que ciño tu carne y la hago entrar en mi dicha sin fin.

30 de noviembre
San Andrés
Salmo 18 El cielo proclama la gloria de Dios
El día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra. Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su voz y hasta los límites del orbe, su lenguaje. Así pues la fe nace del mensaje, y el mensaje consiste en hablar de Cristo. ¡Qué hermosos los pies de los que anuncian el evangelio con toda la débil fuerza de su ser, con el altavoz de su silencio, con su vida entregada en respuesta a tu llamada!

29 de noviembre
Viernes XXXIV
Dn 7, 2-14 Un anciano se sentó.
Su vestido era blanco, como la nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego. Un río de fuego brotaba ante él. Superas, señor, toda mi capacidad de verte, de comprenderte, de poseerte. Y sin embargo cada vez que se lo hicimos a uno de estos pequeños a ti te lo hacemos.
Véante mis ojos, Dulce Jesús bueno, véante mis ojos y muera yo luego.

28 de noviembre
Jueves XXIV
Lc 21, 20-28 Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación
A todos los que viven oprimidos, vejados, ultrajados en su dignidad de seres humanos por la codicia humana, por la idolatría del dinero y del lucro desalmado, a todos los que son esclavizados por el poder del mal, por el egoísmo imperante, por los sistemas económicos que oprimen a la humanidad; a todos los que sufren la guerra de los poderosos, la injusticia de los estados, el hambre de nuestra falta de solidaridad. A todos los que son preferidos de Dios, sin que nosotros los sabemos, la Iglesia tiene que anunciarles el evangelio de la vida: Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación.

27 de noviembre
Miércoles XXXIV
Dn 3 Sol y luna, bendecid al Señor.
Ensalzadlo con himnos por los siglos. Todo ser que aliente, alabe al Señor. Por mi voz, todas las criaturas. A ti, Señor, gloria y alabanza por los siglos. Todos los días te bendeciré, y alzaré las manos invocándote. En el silencio de mi corazón, hazme lo que soy: ser para tu gloria.

26 de noviembre
Martes XXXIV
Lc 21, 5-11 Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra.
Todo será destruido. Incluso las preguntas: ¿para qué tantos afanes?¿para qué tanto agobio por esto y por lo otro?¿Para qué tanta vanidad y tanta vanagloria?¿para qué tanto poder, tanto prestigio, tanto y tanto de nada?¿Dónde deja la muerte todo lo que soy?¿Cómo recibe la vida el ser de eternidades? ¿qué soy sino polvo y vacío? Porque la contemplarte como tú eres, Dios nuestro, seremos para siempre semejantes a ti y cantaremos eternamente tus alabanzas.
