25 de diciembre
Natividad de Nuestro Señor Jesucristo
Misa de Medianoche
Tt 2, 11-14 Ha aparecido la gracia de Dios

Comentarios diarios a la Palabra de Dios, que ayuden a rumiarla y encarnarla
24 de diciembre
Lc 1, 67-79 Nos visitará el sol que nace de lo alto
¡Oh luz serena y pura!
¡Oh sol de resplandor, que alegra el cielo!
¡Oh fuente de hermosura!:
si pisas nuestro suelo,
véate, y de mis ojos quita el velo;
pero si las estrellas
con inmortales pies mides agora,
atiende a mis querellas,
y al alma que te adora
la lleva para ti, pues en ti mora.
Pedro Malón de Chaide

23 de diciembre
Lc 1, 57-66 La mano del Señor estaba sobre él
Tu mano me acompaña, tu mano me sostiene, tu mano me fortalece, me templa, me afina, me enaltece, me cubre, me acaricia, me llena, se desliza tiernamente sobre el ser para hacerme aún más tuyo, y menos mío, inexplicablemente tuyo, desaparecido, ¿a dónde iré lejos de tu aliento, de tu mano que amasa mi barro para hacerme entrañablemente tuyo, en un escalofrío de pasión desordenada que tú harás armonía en esta dulce navidad de mi consuelo?

22 de diciembre
Lc 1, 46-56 Proclama mi alma la grandeza del Señor
Tú eres grande, Señor y mi boca pequeña proclama tu grandeza. De tu boca sale tu Palabra, la dicha de mi salvación. «Siento la voz divina de tu boca, acariciar mi oído tiernamente, tu aliento embriagarme, y en mi frente la mano que ilumina cuanto toca.» En la boca del poeta bebo los versos de tu amor, que tan cerca de tu nacimiento se transforman en silencio, alabanza, asombro y admiración.

21 de diciembre
Lc 1, 39-45 ¿quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?
Descubrir el misterio que se aproxima en la cercanía de los cercanos, el lo que tenemos alrededor, en lo de cada día, en el trabajo bien hecho, en el gesto de generosidad, en la palabra de aliento que se recibe, en la sonrisa, en la carne. Encarnación es todo el universo, y tu carne hecha palabra de vida viene hasta nosotros en el seno de María.

20 de diciembre
IV domingo de adviento
Lc 1, 39-45 Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá
Dichosa tú, dichosa tú, dichosa. Bendita eres entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. Toda yo me lleno de tu alegría, de la alegría del alégrate, de la alegría de Dios. Me regocijo, me gozo, me inundo de dicha, de felicidad, siento la presencia de Dios cercana, misterio que viene, que aproxima la salvación. Dichosa tú, María, y dichosos todos los que de tu dicha reciben al Salvador.

17 de diciembre
Salmo 71 Que en sus días florezca la justicia
Florecer en tu tierra fértil. Ser abonado por tu misericordia. esperar, la ya tan inminente, llegada de tu justicia y tu paz, de tu ternura, te tu rostro amable, de tu carne encarnada en el seno de María. Ya tan cerca, Señor, y sin embargo tan lejos cuando me encierro en mi propia necedad, y me separo de ti, de ti, que nunca te separas de mi. Hazme flor tuya, vara de nardos, pensamiento de invierno, orquídea eterna.
