3 de diciembre
Sábado I de adviento

Is 30, 23-26 Cuando el Señor vende la herida de su pueblo

Y ahí estás tú, señor, derramando el bálsamo de tu misericordia entrañable en las herida de nuestro amor. Ahí estás tú, Señor, curando nuestras heridas. Ahí estás tú, Señor, que vienes para sanarme, para sanarme. Vendando la herida de tu pueblo, su sufrimiento, su dolor, tan real, hoy.