San Esteban

26 de diciembre
San Esteban

Hechos 6, 8-10; 7.54-60 Veo el cielo abierto

Esteban ve el cielo abierto al morir como tú, Señor. El cielo que se ha abierto con tu venida. El cielo que ha destilado al justo. El cielo del que, en medio de la noche, ha brotado la sabiduría divina, en un manantial inagotable que nos zambulle hasta la vida eterna. El cielo que ve Esteban abierto es el cielo donde estás, en medio de nosotros, y que estamos llamados a contemplar. Danos ojos de fe, capacidad de entregar nuestra vida por ti y por el evangelio.

Navidad I

25 de diciembre
Natividad de Nuestro Señor Jesucristo
Misa de la Vigilia

Ex 16, 6-7 Hoy vais a saber que el Señor vendrá y nos salvará, y mañana contemplaréis su gloria

Sol de lo alto

24 de diciembre
Lunes IV de adviento

Lc 1, 67-79 Nos visitará el sol que nace de lo alto
El sol que nace de lo alto, que viene a iluminar a los que vivimos en tinieblas y en sombras de muerte, que viene a guiar nuestros pasos por el camino de la Paz. Tú, Señor, sol de justicia. Tú, Señor, luz de luz. Tú, Señor, que desciendes en la noche y alegras los corazones de tus fieles. A ti Señor estoy esperando, expectante por la inmediatez de tu llegada. ¡Ven, Señor Jesús!

Llena

23 de diciembre
IV domingo de adviento

Lc 1, 39-45 Se llenó Isabel del Espíritu Santo

Acercarse a María, portadora de tu gracia y de tu salvación, hace que me contagie de la fuerza de tu espíritu, que salte de gozo en lo más profundo de mi ser, que se alegren mis entrañas. María, dichosa porque ha creído, en este año de la fe, pone tu don en mi mirada. Gracias por su entraña maternal, que aún me acoge. Gracias por abrir su seno vacío a tu plenitud, de la que recibimos gracia tras gracia, en Jesús, Emmanuel, nuestro Salvador.

Magnificat

22 de diciembre
III sábado de adviento

Lc 1, 46-56 Proclama mi alma la grandeza del Señor

Rezar el magníficat contigo, María, virgen llena de luz, virgen que sueñas caminos, virgen que estás a la espera, virgen que sabes que el niño, que derribará a los poderosos de su trono, está muy cerca. Unido a María proclamar tu grandeza, escuchar en su seno los latidos de su corazón, y abrirme a tu carne estremecida.

La madre de mi Señor

21 de diciembre
III viernes de adviento

Lc 1, 39-45 ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Levántate, amada mía, paloma mía, ven a mí. Trae en tu seno a mi amado, cervatillo que atisba con mirada de amor. Trae a mi amado y regocíjame con el gozo de la primavera en el invierno, de las flores de la vega, del arrullo de la tórtola, de los frutos en la higuera, de la viña en flor. Blanca paloma, que anidas en los huecos de la peña santa, déjame ver tu figura encinta de salvación, déjame escuchar la dulzura de tu voz proclamando la grandeza del Señor, frágil como un pichón.

Una señal

20 de diciembre
III jueves de adviento

Is 7, 10-14 Pide una señal al Señor tu Dios
Desde lo hondo, en lo profundo del ser abierto a ti como una granada, espero esta señal, la certeza de la salvación, la visión de tu gloria ( ¿cómo es posible verte y no morir en el resplandor de tu belleza, de tu verdad accesible, de tu bondad hecha carne?). No me doy cuenta que ya tengo la señal: la virgen está encinta, y dará a luz un hijo, y le pondrá, oh maravilla de las maravillas, Emmanuel, que significa Dios con nosotros.