Inocentes

28 de diciembre
Los santos inocentes

Mt 2, 13-18 Mandó matar a todos los niños

Tus inocentes, Señor, hoy me fijo en la caravana de niños que trata de alcanzar lo que creen el paraíso de nuestra incultura de la abundancia y el individualismo, niños subsaharianos que cruzan desiertos y el mare Nostrum para llegar a Europa, niños sirios que huyen de la guerra y la violencia, niños centroamericanos que escapan del hambre, la miseria, la violencia, la discriminación por cualquier causa y en el tren de la bestia tratan de llegar a EEUU. Niños asesinados por nuestros Herodes, mientras nosotros celebramos lo que decimos tu navidad.

San Juan

27 de diciembre
San Juan, apóstol y evangelista

I Jn, 1, 1-4 La vida se hizo visible, y nosotros hemos visto

te hemos visto y oído, a ti, Señor Jesús, que existías desde el principio, te hemos contemplando presente en medio de nuestra vida, y aunque mis manos no te han tocado sí que has dejado que ponga mi cabeza en tu costado, y a tu sabor repose. El latido de tu corazón anima el mío y me fortalece. Por eso doy testimonio y anuncio la vida eterna que proviene de ti.

San Esteban

26 de diciembre
San Esteban

Hech 6, 8-10;7,54-59 Señor Jesús, recibe mi espíritu

Es la invocación que repite Esteban en el momento de su martirio. Es la invocación con la que comienzo este primer día de la octava de Navidad. Tú has nacido, llegas hasta mi ser, para que pueda ser recibido por ti, fuente y origen de mi vida. Me acerco a adorarte, despacio y en silencio Señor Jesús, recibe cada día mi espíritu, recréame en tu amor.

Navidad IV

Natividad de Nuestro Señor Jesucristo
Misa del día

Jn 1, 1-18 Y el verbo se hizo carne y acampó entre nosotros

Tu Palabra se hace carne.
Carne de la humanidad.
Carne iluminada.
Dios encarnado.
Carne en la periferia existencial.
Carne lacerada.
Carne renacida.
Carne adorada.

Tu carne, Dios mío.
me renueva
me transfigura.
Llenas el hueco de mi corazón.
Plenitud de vacíos.

En tu cuerpo respiro.
Me alimentas.
A tu sabor reposo.
El rostro reclinado
sobre tus dulce brazos tan amados.
Me acunas en ti. Te acuno en mí.
Canto tu nana.

Humanidad desnuda.
Se abre la tierra, Ecce Homo.
Humanidad vulnerada, despojada,
desguarnecida, en el abismo.
Humanidad perdida, que camina hacia ti.
Sin saberlo.
Aquí te adoro.

Navidad III

Natividad de Nuestro Señor Jesucristo
Misa de la aurora

Mira la palabra de Dios, luz que rompe tu oscuridad

Is 62, 11-12 Mira a tu salvador, que llega
Salmo 96 Amanece la luz
Tito 3, 4-7 Ha aparecido la bondad de Dios y su amor
Lc 2, 15-2o Fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre

Navidad II

Natividad de Nuestro Señor Jesucristo
Misa de la medianoche

Contempla la Palabra de Dios que te salva

Is 9, 1-3.5-6 Un niño nos ha nacido
Salmo 95 Alégrese el cielo, goce la tierra
Tito 2, 11-14 Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación
Lc 2, 1-14 Dió a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre

Navidad I

Natividad de Nuestro Señor Jesucristo
Misa de la Vigilia

Rumia la palabra de Dios que llega hasta ti hecha carne

Is 62, 1-5 Por amor de Sión no callaré
Salmo 88 Tú eres mi Padre, mi Dios
Hechos 13, 16-17.22-25 Escuchad
Mt 1, 1-25 El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera
Haz lo que quieras hacerme, ya de vero, hazme tuyo.

Tu corazón

24 de diciembre

Sm 7, 1-5.8-12.14.16 Ve y haz lo que desea tu corazón

Deseo acogerte. Deseo que pongas tu tienda en mi posada. Deseo ver tu luz en la oscuridad. Deseo tu venida en la carne frágil y vulnerada. Deseo ser tuyo, sin principio ni final. Te deseo, Señor, mi Salvador.

Príncipe de la Paz

23 de diciembre
IV domingo de adviento

Mi 5, 1-4 El mismo será tu paz

La paz que me dejas, la paz que me das. Pon tu paz en mi corazón, en mi vida. la paz de la mansedumbre, la paz del silencio comprensivo, la paz de la empatía con el que me hiere y desprecia, la paz hacia el que me la niega. En mis violencias hazme ser un instrumento de tu paz, Señor. Sobre todo en estos días en que te acercas hasta nosotros, Príncipe de la Paz.

Magnificat

22 de diciembre

Lc 1,39-45 Proclama mi alma la grandeza del Señor

Proclame mi lama siempre tu grandeza, Señor. Bendice alma mía al señor, y no olvides sus beneficios. Bendice alma mía al Señor, pues de él viene tu vida, tu salvación. Bendice alma mía al Señor. Y sigues dispersando a los soberbios de corazón, y enalteciendo a los humildes, a los hambrientos los colmas de bienes, y al os ricos los despides vacío. En ti confío, Señor.