Dichosa tú

21 de diciembre

Lc 1, 39-45 Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho es Señor se cumplirá

Bendito tú entre las mujeres, y bendito sea el fruto de tu vientre, Jesús.

Dame, Señor, la fortaleza en la fe, la seguridad en la esperanza y la constancia en el amor de tu Madre.

Llena de Gracia

20 de diciembre

Lc 1, 26-38 Alégrate, María, llena de gracia

Siempre me maravilla la escena de tu encarnación. Alégrate, María, llena de gracia. Alégrate. Llena de Gracia. El Señor está contigo. No temas. Has encontrado gracia ante Dios. El espíritu santo vendrá sobre ti. He aquí la esclava del Señor. Hágase en mi según tu palabra. Hágase en mi según tu Palabra. Hágase en mi según tu Palabra.

María

18 de diciembre

Mt 1, 18-24 La generación de Jesucristo fue de esta manera: María

María, presencia silenciosa y expectante de este adviento. María, la Virgen que se abre a tu presencia desde la sencillez y la humildad. María, mujer fuerte, protagonista de la historia, transformadora de la humanidad. María, modelo de la Iglesia que se abre a la encarnación. María, tu madre. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte amén.

Fecunda

19 de diciembre

Jc 13, 2-7 Concebirás y darás a luz un hijo

Tu promesa, Señor, llega a todos los vientres estériles, a todos los que se abren a la fecundidad de tu amor, de tu presencia tierna. La fe mueve a la esperanza de que tú estás entre nosotros, fecundo y fuerte, como salvador.

Los orígenes

17 de diciembre

Mt 1, 1-17 Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.

En esta lista de nombres, engendrados y engendradores, está la historia de la salvación, desde el origen de la creación del mundo hasta el inicio de nuestra era, con el misterio de tu encarnación. Tú nos has destinado, desde siempre y por siempre, a ser santos e irreprochables en tu Hijo, por el amor. Toda la humanidad se vuelve a ti y con este evangelio te alaba, Señor.

Alégrate

16 de diciembre
III domingo de adviento

Sof 3,14-18 Alégrate

Alégrate, grita disfruta con todo tu ser, regocíjate. El Señor llega, se acerca, te salva, está en medio de ti, no temas mal alguno. Y es verdad. Por eso cuando me envuelven sombras de muerte, y quiero caer en mis abismos, es bueno recordar que eres Dios con nosotros, valiente y salvador, que te alegras y gozas conmigo, que me renuevas con tu amor. Por eso me alegro y exulto, hoy domingo de adviento, como en día de fiesta.

De fuego

15 de diciembre
Sábado II de adviento

Ecl 48, 1-4.9-11b Surgió el profeta Elías como un fuego

Oh llama de amor vivo, que tan profunda y tiernamente hieres de mi alma en el más profundo centro pues ya no eres esquiva aparta ya si puedes, ¡rompe la tela de este dulce encuentro! Consúmeme. Abrásame. Incendia mis fuegos. Reaviva mis rescoldos. Vuélveme loco en la dichosa locura de tu amor.

De vuelo

14 de diciembre
San Juan de la Cruz

Is 48,17-19 Yo el Señor te instruyo por tu bien

A tu sabor reposo. Me entras donde no supe, y me dejas no sabiendo, toda ciencia trascendiendo. Aturdido y pleno. Reseco y bendecido. Herido en la flor. El rostro reclinado, sobre los dulces brazos del amado. Diréis que me he perdido, que andando enamorado, me hice perdidizo y fui ganado. ¡Apártalos, Amado, que voy de vuelo!

Tu abundancia

13 de diciembre
Jueves II semana

Is 41, 13-20 No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio

Tú me has trillado y demolido en tus dulzuras de amante, reducido a polvo y paja, has aventado y esparcido mis semillas, has dispersado mi vida con vientos sin fin. Con la lengua reseca, con los labios llagados, sigo tarareando el canto de tu amor, de la garganta brota un manantial de marismas, el yermo se ha convertido en vergel. La huerta de tu abundancia en mi corazón. Tú eres mi Señor.

Aligeras mi vértigo

12 de diciembre
Miércoles II de adviento

Is 40, 25-31 Los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas

Desbordo de gozo en el Señor, y me alegro con Dios, tú me das la fuerza de un búfalo, me unges con aceite nuevo. Pones en mi cuerpo alas de águila para aligerar mis vértigos a las alturas, me alzas de tus auroras para reposarme en tus tramontos, me haces correr por tus veredas escondidas, corro y no me fatigo, pues el alma que anda en amor ni cansa ni se cansa. Tú me festejas.