Ilumina los ojos de mi corazón

4 de enero

Segundo domingo después de Navidad

Ef 1, 3-6.15-18 ilumine los ojos de vuestro corazón

Ilumina, Señor, los ojos de mi corazón para que pueda comprender la bendición incesante con la que me envuelves. Elegido por ti antes de la creación del mundo, destinado a ser santo e irreprochable ante ti por el amor. Ilumina los ojos de mi corazón para que no deje de comprender la esperanza a la que me llamas, la herencia de gloria que me tienes prometida.

Semejanza

3 de enero
Misa del día

I Jn 2, 29-3,6 Seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es

A esto nos llamas. A estar unidos a ti en la eternidad, en semejanza, en la visión de tu gloria, en unión silenciosa, en plenitud de vida. Es un abismo de gracia que me desborda con solo imaginarlo. Por eso cierro mis sentidos, y quedo sosegado, quieto, callado, y entregado a tu bondad, que mece mi vida.

Cántico nuevo

2 de enero
Misa del día

Salmo 97 Cantad al Señor un cántico nuevo

A esto me llamas. A cantar a lo largo de este año que acaba de comenzar un cántico nuevo, un canto de mayor generosidad, de mayor desprendimiento, de mayor disponibilidad, un cántico desinteresado, un cántico que aproveche la melodía de tu evangelio y la armonía de tu vida, entregada por amor para nuestra salvación.

Bendición al iniciar el año

1 de enero de 2026
Santa María, Madre de Dios

Nn 6, 22-27 Esta es la fórmula con la que bendeciréis

Al inicio de este año, Señor, imploro tu bendición para todas las personas que leen este comentario diario, y para todos los que, aún sin saberlo, te buscan en lo profundo de su ser.
El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz.

Última hora

31 de diciembre

Octava de Navidad

I Jn 18-21 es la última hora

Hora final del año. Desde el principio del mismo estabas tú y en mi vida. Por medio de ti se ha hecho todo. Gracias por tanto don recibido. Perdona, Señor, mi corazón extraviado. Dadme vuestro amor y gracia, que ellas me bastan.

Con él

30 de diciembre
Octava de navidad

Lc 2, 36-40 Y la gracia de Dios estaba con él

Tú vas creciendo, Jesús, y la gracia de Dios estaba contigo. Y tú estás conmigo, tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. Toda mi vida de bendeciré y alzaré las manos invocándote, como Ana, la hija de Fanuel, que te sirvió día y noche toda su vida, con ayunos y oración. Como el anciano Simeón, cuyos ojos esperaban ver la luz de la salvación.

San Juan Evangelista

27 de diciembre
San Juan Evangelista

Jn 20, 2-8 Vió y creyó

Junto al sepulcro. Porque la losa se descorre, y la muerte queda abatida. En la cruz está la vida. En el sepulcro no hay nada, porque tu resurrección, victoriosa, llena el universo de su hermosura y convoca a todos los seres a tu victoria. A verte resucitado y creer. Para eso has venido al mundo, para ser Señor de vivos y muertos. Y por eso damos testimonio de ti.

Esteban

26 de diciembre
San Esteban

He 6, 8-10; 7, 54-60 Esteban, lleno de gracia

Lleno de gracia en tu gracia, lleno de ser en tu ser, lleno de ti por ti, porque le llamaste y te siguió, y puso su vida junto a la tuya, y escuchó tu Palabra, y no resistió a tu voz, y se dejó acunar por tu aliento, y recibió tu espíritu de verdad, y dio testimonio de ti hasta entregar su vida como tú mismo hiciste. Y hoy, recién nacido tú, Señor Jesús, celebramos la fiesta del primer mártir, para que no olvidemos a lo que somos llamados.

Navidad IV

No hay belleza
si ignora el sufrimiento humano.
No puede haber una verdad
que silencie el dolor ajeno.
No puede llamarse bondad
a lo que permite que otros sientan dolor

Tadeusz Borowski, Nuestro hogar es Auschwitz

Tú, que naces pobre,
asumes el sufrimiento de la humanidad,
desde tu cruz.
Por eso eres bello, varón de dolores.

Tú, que eres la verdad verdadera,
naces para liberarme del egoísmo
escuchando el dolor ajeno,
que clama hasta ti.

Tú que amas
a toda criatura humana,
sin excepción,
eres la bondad de Dios
manifestada
en la carne débil del recién nacido.

La experiencia de la migración acompaña la historia del pueblo de Dios. (…) María y José huyen con el Niño a Egipto. El mismo Cristo, que «vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron» (Jn 1,11), vivió entre nosotros como extranjero. Por eso, la Iglesia siempre ha reconocido en los migrantes una presencia viva del Señor,que en el día del juicio dirá a los que estén a su derecha:
«Fui forastero, y me recibisteis» (Mt 25,35).

León XIV, Dilexi te, n.73

Os deseo a todos una Feliz Navidad

Navidad III

25 de diciembre
Misa de la aurora

Salmo 96
Amanece la luz para el justo
y la alegría para los rectos de corazón

Concede, Señor Dios nuestro, a los que vivimos inmersos en la luz de tu Palabra hecha carne que resplandezca en nuestras obras la fe que haces brillar en nuestro espíritu.