Desbordado

15 de abril
Miércoles II de pascua

Jn 3, 16-21 Tanto amó Dios al mundo

Tu amor que desborda. Y la mezquindad cicatera que tenemos, tantas veces, los que formamos parte de tu Iglesia, cuando tasamos, limitamos, o administramos la exuberancia de tu amor, que todo lo trastoca, que no se contiene, que va más allá de nuestros límites, nuestros pensamientos, nuestra restringida capacidad de comprender el misterio infinito de tu amor, hecho carne en el Hijo.

Un solo corazón y una sola alma

14 de abril
Martes II de pascua

Hechos 4, 32-37 El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma

En ti estamos unidos. En ti, que eres uno, somos uno. Variedad y diversidad en la Iglesia, tan necesaria, dentro de la unión que es don tuyo. Siempre tu don. Diferencias y diversidad en nuestras comunidades cristianas, religiosas, en nuestra parroquias, en las obras de la iglesia, sabiendo que solo tú eres el garante de la unidad, porque todos somos iguales en dignidad, ante ti, que nos unes.

Renacer

13 de abril
Lunes II de pascua

Jn 3, 1-8 Tenéis que nacer de nuevo

Renacer. En tu vida resucitada. Renacer tras nuestra muerte. Renacer cada día en una conversión permanente. Renacer por el don de tu espíritu, que nos recrea. Renacer, Señor Dios nuestro. Estamos en ti, renacidos. Y nuestra vida debería responder a el don que tú nos das.

Paz

12 de abril
II Domingo de Pascua

Jn 20, 19-31 Paz a vosotros

La paz: el don de tu presencia resucitada. La paz que tanto ansiamos, la paz que se quiebra continuamente, a escala mundial y a escala individual. La paz que es fruto de la justicia, que la besa, y de tu misericordia, que mueve nuestros corazones para que nos convirtamos a ella. Danos, Señor, el donde tu presencia viva, que siempre nos conduce a la paz.

Pascua VII

11 de abril
Sábado octava de pascua

Mc 16, 9-15 Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana

Las aves del alba con su canto de plumas. El rocío que comienza ya a mojar cada piedra, las hojas de los árboles. Nada puede verse, todo es luz que deslumbra. El verdor naciente de la tierra estalla en primavera. El canto intermitente del mirlo, oculto en la hendidura de la roca, la piedra corrida. El alba aparenta toda como un canto. Todo está en la cumbre, bien dispuesto para la vida. Como si allí nadie supiera de la muerte. Miro llegar la luz. Oigo los verderillos del amanecer. Tu vida amado, Cristo comienza a hablar en mí.

Pascua VI

10 de abril
Viernes octava de pascua

Jn 21, 1-14 Estaba desnudo

Solo desnudo de todo, despojado de todo, vacío de todo, puedo entrar en tu mar, y ser alcanzado por tu plenitud. Solo desnudo puedo ser revestido por ti. Solo en pobreza, unido a los pobres de nuestro mundo, puedo comprender tu dinámica de amor que rebosa vida en abundancia.

Pascua V

9 de abril
Jueves octava de pascua

Lc 24, 35-48 Paz a vosotros

Una paz desarmada y desarmante. La paz que nos dejas, la paz que nos das. Tu paz en medio de un mundo envilecido por la guerra, por el poder, por el querer dominar, por el desbarajuste existencial. A hacerme instrumento de tu paz.

Pascua IV

8 de abril
Miércoles de la octava de pascua

Lc 24, 13-35 ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?

Tú en mi y yo en ti, y el corazón ardiendo en tu amor. Tu palabra anida en mi pecho. ¿Quién puede traducir a signos las sílabas del cielo? La claridad de tu pascua, abriéndose camino y delicadamente conquistando el reino de las sombras. Y nosotros aquí, en estupor, contemplando en silencio tanta maravilla.

Pascua III

7 de abril
Martes de la octava de pascua

Jn 20, 11-18 Mujer, ¿a quién buscas?

¿Qué es lo que amo cuándo te amo?, me pregunto con san Agustín. Te busco y te amo, me envuelves en tu amor, me haces gozar con tu vida en mi vida. Todo en ti, uno en ti, ciego en tu luz, mudo en tu palabra, desaparecido en tu cuerpo resucitado.

Pascua II

6 de abril
Lunes octava de Pascua

Mt 28, 8-15 Llenas de miedo y de alegría

La vida misma, en ti, Señor. El miedo de lo incomprensible, de lo inconmensurable, de lo que no entra en razón. La alegría de la maravilla que acaban de presenciar. Tu presencia viva, tu luz prodigiosa, la plenitud del tiempo al alcance de la mano, la muerte vencida. En el afán de cada día, el hilván de tu misericordia.