Mi escudo y mi gloria

3 de febrero
Lunes IV

Salmo 3 Tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria

Tomo las palabras del salmo para decirte, pero podría buscar otras, también sencillas, que me salieran de los adentros: tú eres mi principio y mi fin, tú mis ojos, mi boca, mi paladar, tú mis manos, mis pies, mi corazón, mi respiración, mi ánimo, mi espíritu, tú mi consuelo y mi descanso, tu mi roca firme, tu mi naufragio, tú el mar que me anega, tu el vacío que me queda cuando me alejo de ti, tú mi ser, tú mi amor, tú mi vida, tú mi eternidad, Tú Señor, tú mi en ti.

02.03

Tu presetación

2 de febrero
La Presentación del Señor

Lc 2, 22-40 Mis ojos han visto a tu salvador

No se aparta del templo durante el día ni durante la noche; por eso te ve Ana cuando llegas. El Espíritu moraba en él, era un hombre justo y piadoso Simeón: por eso sus ojos ven al Salvador en un niño pobre, y en el niño ve la luz para alumbrar a las naciones y la gloria del pueblo. Ana, Simeón, consagrados a ti, buscadores de tu ser, siempre esperándote, siempre atentos a tu venida, como tantas religiosas y religiosos que te entregamos la vida, sin reservas. Mis ojos han visto a mi Salvador.

02.02

Amáiname

1 de febrero
Sábado III

Mc 4, 35-41 Silencio, cállate

Dile a mis vientos, a mis huracanes, a mis ruidos internos, a mis voces ocultas, a lo que no es y quiere ser, a lo que es y quiere no ser, a lo que va y viene, a lo que quiebra mi caña, al dolor, al deseo, al sufrimiento, a la imaginación, a la desesperanza, a lo que engaña, al lago donde naufrago cada día, di tu, Señor, con tu voz potente y mansa, ¡Silencio, cállate! Cristo Jesús, luz interior, no dejes que mis tinieblas me hablen, Cristo Jesús, disipa mis sombras, y que en mí solo hable tu amor.

02.01

Crece

31 de enero
Viernes III

Mc 4, 26-34 Sin que él sepa cómo

Sin que sepa cómo tras echar simiente en la tierra, duermo de noche, me levanto de mañana y la semilla ha ido germinando y va creciendo, sin que sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha sola; primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, meterás la hoz, porque ha llegado el tiempo de la siega. Mis carriles rezumarán abundancia, y los pastos brillarán en tu alegría. Sin que sepa cómo ha sido. En un no saber sabiendo. En tu amor derramado.

01.31

En Ti vivo

30 de enero
Jueves III

Salmo 131 Aquí viviré, porque la deseo

Tú eres mi morada. Tú eres mi lugar. Tú mi camino, mi verdad, mi vida. Tú la esperanza firme que me queda. Tú mi deseo. Tú mi horizonte vital. Tú mi sueño en la noche de la tribulación. Tu nombre mi ancla. Tu respiración mi aliento. Tú, mi vida verdadera.

01.30

Contigo

29 de enero
Miércoles III

II Sam 7, 4-17 Yo estaré contigo en todos tus caminos

Así es. Así estás. Lo sepa o no lo sepa. Lo vea o no lo vea. Me llegue el sabor de tu aliento o no recuerde la dulzura de tus besos. Con tu olor perfumando mi ser o perdido tu aroma para siempre. Puesta tu mano sobre mi frente para alzarme o sin saber dónde asirme, caído en tu universo. Escuche tu voz como un susurro o sin palabras, sin que resuene tu voz. Más allá de todo lo penetras todo. Estás conmigo en todos mis caminos. Así es.

01.29

Danza V

28 de enero
Martes III

II Sam 6, 12b-15.17-19 E iba danzando solo ante el Señor sólo con un roquete de lino

Sigo danzando hasta caer rendido ante ti, Señor del universo. Para ti es mi música diaria, el latir de mi corazón, el ritmo y la armonía, el silencio donde crece mi partitura interpretada por ti. Bailo, bailo, bailo de tu mano bailo, bailo las esferas celestiales. Como no comprendo esta oración, que me saca para adentrarme en ti, camino por estas calles embarradas de tu mano, y doy tu mano, y comparto el manto, con el pobre y desamparado que yace a la vera del camino.

01.28

Encarnado

27 de enero
Lunes III

II Sam 5, 1-7 Hueso tuyo y carne tuya somos

Encarnado nos has hecho participar en tu carne. Carne soy. Aletea tu espíritu sobre mis huesos y me hacen revivir. Transformas mi corazón de piedra en corazón de carne. Me haces vivir en tu carne, en tu sangre, río de paz, remanso de dicha, placer silencioso y sin dicha que con su rumor descuaja los cedros y derriba las montañas. En ti soy lo que soy, amado amante.

01.27

Ecos

26 de enero
III Domingo

Is 8, 23-9,3 El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande

Ecos de adviento en este tiempo ordinario, para renovar la esperanza a la que somos llamados, el don de tu luz que vence la noche, la claridad de tu presencia que ilumina el mundo con tu resplandor. Aquí estás, luz de luz. En este tiempo, en este espacio. Tan real. En estas oscuridades diarias. En el pájaro que vuela, en el viento que desaparece sin rastro, en el rostro del más cercano, del más necesitado. Tu luz, Señor, nos hace ver la luz que encierra la realidad, que procede de ti.

01.26

Vuelo

25 de enero
Conversión de san Pablo

Hechos 22, 3-16 Una gran luz del cielo me envolvió con su resplandor, caí por tierra

Y te adoré. Vuelan los patos, un cielo gris intenso, un rumor de alas. Ya no supe nada más, quedé ciego y sordo, envuelto en el universo de tu amor, que pasa fugaz y no deja rastro de nada, relámpago de luz, voz que aturde en el silencio, olvidadizo y callado, desprendido, el pico al aire de tu vuelo. Nada de nada.

01.25