Mi luz

13 de abril
Viernes II de Pascua

Salmo 26 El Señor es mi luz y mi salvación

esto digo: el señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Una cosa pido al Señor, eso buscaré. Habitar en la casa del Señor por los días de mi vida, gozar de la dulzura del Señor. Tu pones en mi corazón más alegría que si abundara en trigo y en vino. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa: mi suerte está en tus manos. Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad.

En tu amor

12 de abril
Jueves II de Pascua

Jn 3, 31-36 El Padre ama al Hijo, y todo lo ha puesto en su mano

El universo entero, toda la creación, en un grano de mostaza. Todo el universo en tus manos. Todo el universo en tu boca en tu vientre. Se hace canto. Abandonado en tu amor.

Verdad de tu luz

11 de abril
Miércoles II de Pascua

Jn 3,16-21 La verdad se acerca a la luz

Suavidad de tu luz tenue que alumbra mi vida. Tu trasluz. Imperceptible. Velado encaje. Visillo de gasa que cubre el universo. Claridad precisa. Amanecer en ti. Atardecer en ti. Declinar en el otoño de la vida. Presencia ardiente en serena suavidad. Tu pascua conmueve mi verdad, me acerca a tu belleza, a tu hermosura. Despeja mis oscuridades, no dejes que mis tinieblas me hablen.

Ruah

10 de abril
Martes II de Pascua

Jn 3, 7-15 El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va

El viento. Tu viento. Eres viento. Ventalle que aire das. Me circundas. Me alzas. Rumor eterno de agua cristalinas. Tu cosmos. Silenciosas estrellas matutinas. Berrea de corzo en celo. Clamor de olivos. Frágil susurro de las hojas del tilo. Mullido musgo. ¿De dónde vienes, adónde vas? ¿De dónde me traes, adónde me llevas? Déjame abandonado en tu corriente de aire, sin hablar más, sin pensar más.

Anunciación

9 de abril
Anunciación de nuestro Señor

L1, 26-38 Alégrate, llena de gracia

Tu gracia besa lo absorto en mi inmediato, tu gracia me sostiene y pacifica, tu gracia aletea mi interior con la brisa de tu presencia, tu gracia me encana, me abre, me adentra en ti, tu gracia me alegra y me mantiene despierto, despierto en la noche de tu aurora graciosa, tu gracia me remueve, me conmueve, me hace tuyo, una vez más, solo para ti. Tu gracia hace romper mis aguas, me quiebra y estremece para darte a luz. Virgen.

Paz

8 de abril
II domingo de Pascua

Jn 20, 10-31 Paz a vosotros

La paz no, tu paz. La paz que orea mi vida y la refresca, la paz que asienta mi existencia en tu manantial de frescura cuando es estío, en tu cálido oasis, cuando me arropas, en los rigores del invierno. Tu paz que es dicha y gozo inesperado, cimiento y constancia, fortaleza y escudo rendido. Tu paz de la luz primera que torna el alma pura, tu paz que es morada eterna, tu paz que llena de belleza el abismo de tu oscuridad. Sin tu paz no soy nada.

Pascua VII

7 de abril
Sábado octava de pascua

Mc 16, 9-15 Jesús resucitado al amanecer del primer día de la semana se apareció

Alzo la mano para tocar tu rostro, alma del universo, tu rostro que es el rostro de la humanidad engendrada en Padre, creador y dador del mundo, en el Hijo, Señor resucitado, pasión definitiva en mi vida, en el Espíritu Santo, más grande que mi pobre palabra, a Él me entrego. Te busco palpando con mis ojos el misterio de tu presencia escondida, que se manifiesta este día de Pascua en todo su esplendor. Alzo mi ojos a ti y quedo enamorado.

Pascua VI

6 de abril
Viernes octava de pascua

Jn 21, 1-14 Y aquél discípulo a quien Jesús amaba le dice: Es el Señor

Alzo la mano para que me abraces con tus brazos abiertos, crucificados, ya liberados, y me estreches por detrás y por delante, con susurros sigilosos que me adentren en ti. Alzo la mano cubierta con tus arrullos de espumas marinas. Alzo la mano para que tu mano amorosa me proteja, y haga brotar de mi ser tuyo el más puro manantial. Alzo la mano para que pongas tu palma en mi boca y recojas mi acto de fe y amor al reconocerte, es el Señor.

Pascua V

5 de abril
Jueves Octava de pascua

Lc 24, 35-48 Palpadme

Alzo la mano para palparte en el misterio de vida que engendra las estrellas, y hace salir el sol cada mañana, al alba, al alba, amor mío al alba de mi vida, tras la noche oscura de tu pasión. Alzo la mano para tocar tus pies y besar el rastro de tu huella y derramar en tus dedos mis aromas, Alzo la mano para que horades en el hueco de mi corazón la piedra de tu tumba y brote tu vida mi caudal.

Pascua IV

4 de abril
Miércoles de la octava de Pascua

Lc 24, 13-35 ¿No ardía nuestro corazón?

Ardo en la debilidad de mi amor por ti, inconsistencia de amante escurridizo y vano, para hacerme fuerte en la fortaleza de tu misericordia, roca mía, escudo mío, Dios mío, confío en ti. En tu Palabra. En tu cuerpo entregado y partido.