25 de octubre
Martes XXX
Rm 8, 18-25 Gemimos en nuestro interior
Gimo en lo más profundo de mi ser, Señor, porque te espero y no ten tengo, porque te tengo y te anhelo, porque te anhelo y no descanso hasta que la espera se consume en la unión del amor. Mientras tanto me regalas las primicias del espíritu que, en medio de los gemidos, me hacen exclamar: ¡Abba!, padre, con amor.
¡¡Gracias Nano, por interpelarme con la meditación de la Palabra!!
El deseo de Dios lo tengo grabado en mi corazón, Él me da sentido a todo,bueno y malo.
Pienso en el día del encuentro definitivo, con gozo, por fin veré cara a cara a mi Padre Dios.
Me miras y en tu presencia descanso, te vuelves y tu presencia anhelo ¿qué es mi vida sin ti, abba? un vacío doloroso.