25 de febrero
Jueves II de cuaresma
Lc 16, 19-31 hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas
Las llagas de la humanidad. Tan lacerantes. Tan terribles, tan desconocidas para mi, que vivo entre los privilegiados del mundo. Conviérteme, Señor, ríndeme y conviérteme al evangelio, hazme misionero de tu misericordia.

Lc 16, 19-31.
«… ten compasión de mí y envía a Lázaro para que moje en agua la yema de su dedo y refresque mi lengua…»
Para saciar la sed de Tu ausencia, Señor.
Aunque a lo largo de la vida, tantas veces te hemos evitado, Señor, eludido y olvidado: una gota de agua para seguir esperando tu misericordia divina.
¿Alguna vez el corazón del mundo latió junto al corazón de Dios?