Octava de Pascua IV

4 de abril
Jueves de la octava de pascua

Lc 24, 35-48 Paz a vosotros

Tan necesitados estamos de tu paz, Señor. Paz, paz, paz. Paz y reconciliación. Paz y unión. Paz y perdón. Paz y regeneración. El don de tu paz, hoy, en nuestro mundo. En Gaza, donde nos acostumbramos a tanto horror. En Ucrania. En tantos lugares del mundo. En mi propio corazón. Estoy necesitado de tu paz, Señor, para ser constructor de paz.

Octava de pascua III

3 de abril
Miércoles de la octava de pascua

Lc 24, 13-35 Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo

Siempre me impresiona, Señor, este hecho. Caminas por mis caminos, pero mis ojos no son capaces de reconocerte, de abrirse a tu maravilla en lo cotidiano y sencillo de mi vida, en mis caminos tan habituales. Es el don de la pascua. Que abras mis ojos y caldees mi corazón.

Octava de Pascua II

2 de abril
Martes de la octava de pascua

Jn 20, 11-18 ¡María!

Pronuncias mi nombre. Y me recreas. Porque en este instante te reconozco, y se te vivo, y se que de ti recibo mi propia, vida, y colmas de esperanza la promesa de la fe, y me mueves al amor, a entregarme a ti sin reservas en mis hermanos. No quiero retenerte, ni monopolizarte, pero puedo decir “he visto al Señor, y me ha dicho esto”

Octava de pascua I

1 de abril
Lunes octava de Pascua

Mt 28, 8-15 Alegraos

Resuene, Señor, la invitación a la alegría a lo largo de todo este tiempo de Pascua. Me alegro por tu vida, me alegro por tu vida en mi vida, me alegra saber que siempre estás, aunque yo duerma y me ausente, me alegra saber que me estás ofreciendo cada día el don de tu alegría y de tu paz, tan verdadera.

Al amanecer

31 de marzo
Domingo de Pascua de la resurrección del Señor

Jn 20, 1-9 María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer

Verdaderamente ha resucitado el Señor, ¡aleluya!
Allá voy con ella, enamorada. A buscar tu cuerpo muerto, sin saber que te voy a encontrar vivo en el misterio del más allá hecho carne.

Vientre materno

26 de marzo
Martes Santo

Is 49, 1-6 El Señor me llamó desde el vientre materno

Y no puede ser más cercana tu palabra este día, en el que cumplo años. Tú me llamaste desde el vientre materno, y has derramado tu gracia incesante a lo largo de mis sesenta y tres años de vida. Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. Me has escondido en la sombra de tu mano. Eres mi fuerza y mi salvación. A ti Señor me acojo. Se tu mi roca de refugio. Porque fuiste mi esperanza y mi confianza desde mi juventud. Hasta hoy relato tus maravillas.