Refugio

19 de diciembre
III miércoles de adviento

Salmo 70 Se tú mi roca de refugio

Me dispongo a acogerte diciendo despacio el salmo de hoy, pronunciándolo con mi corazón: se tú la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, porque mi alcázar u mi peña eres tú, Señor. Porque tú, Dios mío, fuiste la esperanza y la confianza de mi juventud. En el vientre materno ya me apoyaba en ti. En el seno tú me sostenías. Contaré tus proezas, Dios mío, hasta hoy relato tus maravillas en mi vida.

María

18 de diciembre
III martes de adviento

Mt 1, 18-24 María esperaba un hijo

Has entrado en el seno virgen, seno abierto, seno fecundo, seno entregado, seno disponible, seno dispuesto, seno generoso, seno que espera la fuerza de tu Espíritu para recibir al Rey de la gloria. Lo inexplicable, lo increíble, lo imposible, lo raro, como cada día, en cada vida, es un espacio para que tu llegada se transforme en salvación. Ayúdame a acogerte. Señor, con la sencillez de María.

En la historia

17 de diciembre
III lunes de adviento

Mt 1, 1-17 Genealogía de Jesucristo

Insertas tus raíces en nuestra historia, en la historia de la humanidad, y en tus ramas cuelgas nuestros nombres, inscritos en tu savia y en el libro de la vida. Eres hombre y hombre concreto, y en ti los hombres y las mujeres podemos acercarnos al Dios hecho carne, que salva la carne, y en la carne entregada por amor nos das la vida.

Cerca

16 de diciembre
III Domingo de adviento

Fil 4, 4-7 El Señor está cerca

Cierro los ojos y e veo cercano. Aguzo el oído y escucho el paso imperceptible de tu venida. Alienta mi corazón porque te presiente en medio de nosotros, aún sin saber cómo. Lo se: por eso se alegra mi corazón y mi carne descansa serena. Por eso tu paz custodia mi ser, y quedo tranquilo desde mi súplica y mi acción de gracias. Espero tu venida, como el final de la noche espera, y presiente, el alba cercana.

Profeta de fuego

15 de diciembre
II sábado de adviento

Eclesiástico 48,1-4.9-11 Un profeta como un fuego

Cuyas palabras eran como un horno encendido, una llama de amor vivo consumiendo el centro del ser en arrebatos de amor, en arreboles de luz eterna. Un ser desgarrado cuyas brasas son rescoldo de vida y abundancia. Ser como el fuego de Elías, Señor, vivos y consumidos en ti, en la fuerza de tu Palabra, esperando tu venida.

Te digo

13 de diciembre
II jueves de adviento

Is 41, 13-20 Te agarro y te digo:

No temas, yo mismo te auxilio, no temas, hermoso mío, paloma mía, ven a mí. Tú eres pequeño pero favorecido, tú alondra de eternos horizontes, tú en mi mirada eres danza sin fin, el destinado al amor, en los brazos de tu Padre, de tu Salvador, de su Espíritu. Tan tierno y tan entrañable es tu Dios que te llama consolador de los afligidos, cedro del Líbano, acacia, mirto y olivo fecundo. Tú quieres que todos vean que tú eres el Señor, el que nos has creado y nos sostienes tan inexplicablemente, con la poesía de tu gracia redentora.

Fortaleza

12 de diciembre
II miércoles de adviento

Is 40, 20-31 El da fuerza al cansado

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré, yo daré fuerza al cansado, acreciento el vigor de quien no tiene. Los que esperan en el Señor, nos dices hoy, renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse. Tú el Salvador, el Mesías, el Señor, me das piernas de gacela, me haces caminar por las alturas. Para dar una palabra de consuelo y de fortaleza, tu Palabra, a quien está cansado en el abismo de la muerte.

Consolad

11 de diciembre
II martes de adviento

Is 40, 1-11 Consolad, consolad a mi pueblo

Seamos bálsamo para todos los afligidos, para todos los oprimidos, para todos los marginados, para todos los desfavorecidos, para todos los parados, para todos los separados de su centro, para todos los que teniendo ojos no ven y teniendo oídos no oyen que tú eres el consolador, un Dios misericordioso, rico en piedad, y que nosotros somos tus siervos, instrumentos en tus manos para consolar con el consuelo que tú nos consuelas, Señor.

Regocijo

>10 de diciembre
II lunes de adviento

Is 35, 1-10 Se regocijarán

Así llega tu Palabra hoy, anunciándonos el regocijo del desierto y el yermo, de la parte seca- y bien reseca- de mi ser, que se cierra al agua de tu abundancia. Ahí me llamas. A regocijarme y a alegrarme, porque en medio del desierto de mis esperanzas tu venida me va a hacer florecer como flor de narciso, que desprende todo su aroma para alabarte. Con la belleza que procede de ti me alegro y me gozo en mi Señor. Que eres Tú, mi amor.