oración de corazón

29 de marzo
Sábado III de cuaresma

Lc 18, 9-14 “¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador”.

Así quiero que sea mi oración, Señor. Como la del publicano. Sé que antes de que llegue la palabra a mi boca, tú, Señor, te la sabes toda.

Amarás

28 de marzo

Viernes III de cuaresma

Mc 12, 28-34 “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Ahí está todo. Llena mi corazón de amor hacia ti. Que te ame con tu propio amor. Y amándote sobre todas las cosas, viva siempre amando al prójimo, especialmente al más pobre y necesitado que encuentre.

Contigo

27 de marzo

Jueves III de cuaresma

Lc 11.14-23 El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama

Estar contigo. Recoger contigo. Nunca contra ti. Nunca desparramando las bendiciones que tú me das. Solo puedo estar contigo, porque tú siempre estás conmigo. Solo puedo abrir las manos para acoger tu don. Solo puedo ofrecerme y ponerme en tus manos. Sea lo que sea, te doy las gracias.

Narrarte

26 de marzo
Miércoles III de cuaresma

Dt 1, 5-9 guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos y que no se aparten de tu corazón mientras vivas; cuéntaselas a tus hijos y a tus nietos.

Lo que han visto mis ojos, lo que atesoro en mi corazón, tu presencia y tu salvación en mi vida, mi historia en tus manos, año tras año…No tengo hijos ni nietos, pero lo cuento entre otros lugares con esta oración diaria, que comparto con vosotros. Comparto mi vida. Para gloria de Dios. Rezad por mi.

Anunciación

25 de marzo
Anunciación de Nuestro Señor

Lc 1, 26-38 Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo

Esta es una de las grandes realidades de mi vida. El anuncio que me haces, llamándome a la alegría porque me colmas de tus bendiciones, me engalanas con tu gracia, te haces un Dios cercano, que estás conmigo y me salvas. Todo se hizo más real en el momento de la Encarnación, cuanto tu espíritu entró en el seno de María y te hiciste carne, para nuestra salvación. Gracias, Señor, por esta fiesta que me recuerda quién soy y a qué soy llamado en ti.

Sed de ti

24 de marzo
Lunes III de cuaresma

Salmo 41 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo

Una vez al mes, el lunes, la oración de la mañana se abre con este salmo. Que me llega directamente al corazón, para expresar mi anhelo de ti. Como busca la cierva corrientes de agua así me alma te busca a ti, Dios mío. Tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Dios vivo, que me das vida en los lugares de vida, y no entre las cosas muertas que me alejan de ti.

Terreno sagrado

23 de marzo
Domingo III de cuaresma

Ex 3, 1-8.13-15 Quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado

Te manifiestas. Me descalzas. Entro en terreno sagrado cuando te encuentro donde menos me lo espero. En las personas que claman desde su opresión. En los pobres y descartados de nuestra sociedad. En el desierto, fuera de los márgenes de la ciudad, en la paramera donde está la prisión. En la zarza que arde sin consumirse. Tú eres el que eres, y siempre me desconcierto ante ti, porque tu amor es más fuerte que mi muerte.

Bendice

22 de marzo

Sábado II de cuaresma

Salmo 102 Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura

Y para qué orar con otras palabras diferentes a la que tú pones en mis labios y en mi corazón

Sangre derramada

21 de marzo
Viernes II de cuaresma

Gn 37, 3-4.12-13.17-28 Vamos a matarlo

Aún hoy. Y la sangre de nuestros hermanos clama al cielo. En tantos lugares donde los conflictos siguen generando ríos de sangre. Donde no hay voluntad para encontrar la paz. Especialmente en la tierra que te vió nacer. Perdónanos, Señor.

Lázaro

20 de marzo

Jueves II de cuaresma

Lc 16, 19-31 Y un mendigo llamado Lázaro…

…con ganas de saciarse de lo que caís de la mesa de rico

Aún hoy. Nuestras migajas. A las que tantos pobres aspiran.  Especialmente aquellos que ponen en riesgo su vida para migrar desde sus países hasta nuestra Europa del bienestar. Esas personas, que son tuyas, que están en nuestras calles y plazas buscando participar de los restos que nosotros les dejamos. Que observan nuestra abundancia.

Conviértenos y haznos creer en tu evangelio.