Inmaculada

8 de diciembre
Inmaculada Concepción

Ef 1, 3-6.11-12 en el Amado

Nos has bendecido en el Amado; con toda clase de bienes, en el amor del Amado, que es amante; nos has elegido, en el Amado, antes de la creación del mundo, y cuando me acerco a este misterio me entra vértigo; en el Amado nos llamas a ser santos e irreprochables ante él por el amor; nos has destinado, por amor, a ser tus hijos. Como tú fuiste hijo de María, de cuyo ser Inmaculada hemos recibido al Salvador.

Consolad

7 de diciembre
Martes II adviento

Is 40, 1-11 Consolad, consolad a mi pueblo, dice el Señor

¡Cuánto desconsuelo, Señor! Ayúdame a consolar mediante el consuelo con que tú me consuelas. Consolar al desconsolado; consolar al que vive prisionero de su propia desesperación; consolar con una presencia silenciosa, pequeña, humilde, alentadora, respetuosa, no invasiva, de la misma manera que tú estás entre nosotros. Consolemos con la buena noticia de tu salvación.

Tu fortaleza

6 de diciembre
Lunes II adviento

Is 35, 1-10 Sed fuertes, no temáis

En mi debilidad me haces fuerte. Solo el asentarme en ti, el saber que tú me sostienes, que tu guardas y amparas mi vida, que tú eres mi vida, me hace fuerte. En medio de las debilidades, de las fragilidades, de las incoherencias, de todo lo que me hace endeble en mi propósito de ser tuyo, está la fortaleza incondicional de tu amor para mí. Gracias, Señor.

amor entrañable

5 de diciembre
II domingo de adviento

Fil 1, 4-6.8-11 Amor entrañable

Es la manera con la que me llamas para preparar tus caminos: el amor entrañable. Un amor desde lo más profundo de mi ser, un amor esencial, un amor verdadero, un amor tierno y cercano, un amor que se hace carne en la carne del amado, como hiciste tú, buen amante. Te pido que mi amor siga creciendo, más y más, en penetración y sensibilidad, para conocerte más y mejor, en las propias entrañas de tu amor.

tu luz

4 de diciembre
Sábado I de adviento

Is 30, 19-21.23-26 La luz de la luna será como la luz del sol

Porque solo estaré al amparo de tu luz. Y no habrá ya luz de lámpara ni de sol, sino solo la claridad de tu verdad. Venid, caminemos a la luz del Señor. ¡Ven, Señor Jesús!

Tu dulzura

3 de diciembre
Viernes I de adviento

Salmo 26 Espero gozar de la dulzura del Señor

Cuando me lleves a tu vergel, y en él me aposentes; cuando me introduzcas en tu bosque de espesuras; cuando vea a los pobres que se llenan de júbilo y a los oprimidos que se alegran en ti; cuando todo sea en ti lo que es; cuando tu luz y tu salvación llameen como una antorcha; cuando habite en tu morada, desposado en la dicha de tu ser, de tu luz y salvación, espero gozar de tu dulzura por años sin término.

ánimo firme

2 de diciembre
Jueves I de adviento

Is 26, 1-6 Su ánimo está firme y mantiene la paz

Porque confío en ti se que nada me falta, se que mi vida está asentada sobre roca, se que nadie me puede apartar de tu amor. Y esa certeza sostiene mi vida. Gracias, Señor. ¡Ven, Señor Jesús!

Clebración

1 de diciembre
Miércoles I de adviento

Is 25, 6-10ª Celebremos y gocemos con su salvación

Pues a eso me llamas, a vivir en alegría perpetua a tu derecha, a gozar tu gozo amado. Me envuelves con la caricia de tu amor, desde las entrañas de tu misericordia. Me recreo en tus ojos, me alimento con tu cuerpo, sacias mi sed de ti con tu mosto, con tu solera, con la suculencia que derramas en este festín inagotable. Bebe mis lágrimas, porque espero en ti y se que eres mi salvador. ¡Ven, Señor Jesús!

San Andrés

30 de noviembre
San Andrés

Mt 4, 18-22 Venid en pos de mi y os haré pescadores de hombres

Contigo siempre el movimiento; y tu voz; y tu llamada; y la fascinación que siente el ser cuando se ve envuelto por tu mirada, por la cercanía de su ser que llama a ser en plenitud, a dejarlo todo y seguirte, cada día como el primer día, a la orilla del mar de Galilea, desde siempre en mi vida. Inmediatamente, nada más escucharte tu llamada, lo dejo todo. De nuevo. ¡Ven, Señor Jesús!

Luz del Señor

29 de noviembre
Lunes I de adviento

Is 2, 1-5 Venid, caminemos a la luz del Señor

Al tiempo que tú vienes yo voy también hacia ti. Para que me des alcance con tu luz, para que llenes con tu claridad mis noches, para que tu resplandor bañe mis abismos. Para que de des alcance y me sigas haciendo gozar de la dicha de tu misericordia. Tú me dices ven y lo dejo todo. ¡Ven tú, Señor Jesús!