11 de marzo
Miércoles III
Dt 4, 5-9 ten cuidado y guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos y que no se aparten de tu corazón mientras vivas
Si me olvido de ti, Señor, que se me paralice la mano derecha, y la izquierda, con las que en estos momentos rezo sobre el teclado; que se me pegue la lengua al paladar, si no cuento tus maravillas; que se me atrofie el corazón, pues lejos de ti se estará convirtiendo en un corazón de piedra, y no de la carne encarnada desde la que me amas.









