Adviento VIII

6 de diciembre
II domingo de adviento

Baruc 5, 1-9 Vístete las galas perpetuas de la gloria que Dios te da

Señor tú has transformado mi ser, cambiado mi luto en danzas, me vistes un traje de gala
un manto de triunfo, haciéndome novia y novio , fundidos en el ser del amor, desbordo de gozo contigo, me alegro en ti que te alegras , en el ser que me has dado, ponme la corona de tu presencia, ponme las joyas de tu pasión, hazme cetro real, vara florida, surtidor enhiesto, hazme transparente, cristal tuyo, diamante en la secreta morada, esmeralda entre cuarzos y piritas, hazme jardín de semillas y aromas, hazme hierba aromática, hazme poema callado sin versos, hazme voz de amor, aurora de justicia, antorcha de salvación en ti.

12.06

Adviento VII

5 de diciembre
Sábado I de adviento

is 30, 19-21.23-26 La luz de la Cándida será como luz del Ardiente

No se que es la luz de la cándida, ni la luz del ardiente, ni google me da una respuesta rápida como la que busco ahora mismo. Pero ambas me saben a ti, luz de luz, y te digo Dios de la luz, presencia ardiente, sin meridiano ni fronteras, vuelves la noche mediodía, curas al pobre su ceguera, Cristo Jesús, tú que trajiste fuego a las entrañas de la tierra, guarda encendidas nuestras lámparas, hasta la aurora de tu vuelta. Amén. ¡Ven, señor Jesús!

12.05

Adviento VI

4 de diciembre
Viernes I de adviento

Salmo 26 El señor es mi luz y mi salvación

Tú eres mi luz y mi salvación, tú eres la defensa de mi vida, solo te pido una cosa, solo busco una cosa, habitar en tu casa todos los días de mi vida, darme cuenta que me habitas y soy morada tuya, gozar de tus dulzuras en medio de las arideces de la vida, tener ánimo, no temblar aunque me asalten los malvados. Déjame a solas contigo para en el silencio de la tierra comprender que eres mi luz, mi salvación. ¡Ven, señor Jesús!

12.04

Adviento V

3 de diciembre
Jueves I de adviento

Is 26, 1-6 Mantiene la paz, porque confía en ti

La paz que procede de ti, la paz de poner la confianza en ti, la paz al comprender de manera incomprensible que me habitas, que sostienes mi vida, que eres mi tesoro, que todo procede de ti, que nadie me puede separar de tu amor, que todo es gracia, que todo es don, que lo tengo todo en ti, que teniéndote a ti mi vida vive en la plenitud de tu amor. Y todo ello desapercibidamente, en el silencio. ¡Ven, señor Jesús!

12.03

Adviento III

1 de diciembre
Martes I de adviento

Isaías 11, 1-11 Brotará un renuevo del tronco de Jesé

Siempre esta lectura de Isaías XI trae a mi recuerdo el sabor de una experiencia de fe, de un lugar que surgió de la nada en la sierra de Madrid, de un pozo, de un jardín, de unos árboles, del riego, de la laguna, de los patos, de la Montaña, de amaneceres y anocheceres, de encuentros, de tu presencia singular, Señor, de la oración, de la comunidad, de la acogida, de la disponibilidad. El lugar se llama Isaías XI. Encontraba tu Espíritu posado ahí, por ahí te encontraba como muchacho que pastorea al león junto al cabrito. Aunque ya no voy, me sigues encontrando, pues de esa raíz ha florecido un vástago: ¡ven, Señor Jesús!

12.01

Adviento II

30 de noviembre
San Andrés

Rm 10, 8-18 Si tus labios profesan que Jesús es el Señor

Que mi labios profesen que tú eres el Señor, que mis labios canten tu alabanza, que mis labios besen tu rostro de misericordia, que mis labios beban de tu pecho las delicias de tu corazón. Que mis labios, Señor, mi corazón, mi ser entero, sean tuyos siempre, en todo momento, mecidos por el oleaje de tu amor.

11.30

Adviento

29 de noviembre
I domingo de Adviento

Jer 33, 14-16 Mirad

Esta es, Señor, la primera palabra tuya que me llega en este tiempo de adviento, que es todo novedad. Mirad que llegan días en que cumpliré la promesa. dame ojos para mira tu paso por mi vida, tu pascua de salvación, en cada instante, en cada latido del corazón. Dame ojos de fe para saber que tú estás presente en todos los acontecimientos de nuestra vida diaria. Alienta mi esperanza para comprender que en todo momento vienes. ¡Ven, Señor Jesús!

11.29

Despiertos

28 de noviembre
Sábado XXXIV

Lc 21, 34-36 Estad siempre despiertos

Que no se embote más nuestra mente embotada, Señor, despiértanos tú en la gran luz de tu misericordia, con el don de tu sabiduría para saber lo que es grato a tus ojos y lo que nos lleva, a cada uno y como humanidad, por el camino de la perdición.

11.28