la ira

15 de marzo
Jueves IV cuaresma

Ex 32, 7-14 Aleja el incendio de tu ira

En un mundo tan lleno de ira, con tantos corazones incendiados por la agresividad, la violencia, el odio, la enemistad, haz que los corazones se den la mano, que la paz sustituya a la violencia, la indulgencia a la venganza, que todos los seres humanos busquemos la unión desde la raíz de nuestro ser, en el amor.

Corriente compartida

13 de marzo
Martes IV cuaresma

Ez 47,1-9.12 Todo ser que se agite, allí donde desemboque la corriente, tendrá vida

Acércame a tu corriente de vida, señor, desembócame en ti, hace correr de acequia, arroyo limpio, afluente generoso, mar en tus entrañas divinas. Alcánzame la dicha de acercarme a tus aguas tranquilas, que reparan mis fuerzas. Dame la serenidad de tu mar sereno, tras mi caudal turbulento. Apacíguame en el rio sonoroso de tu vida vertida.

Novedad

12 de marzo
Lunes IV de cuaresma

Is 65, 17-21 Un cielo nuevo y una tierra nueva

Cada día abres para mí, Señor, tu inefable novedad. En ella me muevo, todavía peregrino por este mundo, a la espera de contemplar la novedad eterna, tras el tránsito de esta vida a la eterna. Un cielo nuevo y una tierra nueva, donde todo sea luz en tu misericordia, donde todo sea una visión infinita de la existencia en ti. Inexplicable. Creo en la vida eterna. Por ahora cambias mi luto en danzas, por eso te doy gracias por siempre.

Gracia

11 de marzo
IV domingo de cuaresma

Ef 2,4-10 Por pura gracia estáis salvados

Todo es fruto de tu infinita misericordia, todo regalo, todo don. por mi parte solo queda responder. E incluso la respuesta cuando más generosa sea, cuando más inflamada y enardecida de amor, es don tuyo. Pues hombre débil soy, demasiado pequeño para conocer la inmensidad de tu amor para conmigo. En tus manos estoy, Señor.

Nube mañanera

10 de marzo
Sábado

Os 6, 1-6 Vuestro amor es como nube mañanera, como rocío que al alba desaparece

Eres el alba donde mi ser desaparece, el ocaso que me resucita, la nube mañanera que me anuncia la lluvia de tu generosidad, la luz de tu palabra, la palabra que pones en mi boca, el silencio de mis labios, la entrega de mi corazón, la dicha y la pérdida, el susurro y el grito desgarrador del amor, de tu amor, que eleva mi oración, Jesús, dulce memoria de mi perdición.

Tu amor generoso

9 de marzo
Viernes III de cuaresma

Os 14, 2-10 Los amaré generosamente

Tu amor es rocío, lirio, raíz de cedro, retoño, olivo azulado, zarcillo de nubes, fruta madura, albaricoque secreto, néctar de higo, perfume de limón y lima, naranja y bergamota, clavo y canela, tabaco, trigo, mosto, vid regada. Tu amor abeto siempre verde, sombra y cobijo, cuerpo entregado, don de tu flor.

Tu voz

8 de marzo
Jueves III de cuaresma

Salmo 94 Ojalá escuchéis hoy su voz

Tu voz, el aroma de tu voz. Tu tono. Tu aliento. Tu melodía interior. El sutil murmullo de tu amor cuando aún no ha alcanzado la claridad de tu boca. Tus besos. Déjame mudo para proclamar tus maravillas, que me entretejen y me hacen palabra agradecida.

Lo que han visto mis ojos

7 de marzo
Miércoles III de cuaresma

Dt 4, 5-9 Guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos

Cómo olvidar que te he visto en el campo recién segado, en medio del camino, cómo olvidar tu belleza de flores y esmeraldas, tu presencia y hermosura, el don de tu luz, tu claridad, tu presencia escondida, percibida, cercana, tu aliento que me constituye, el aroma de tu voz…déjame ciego para mirarte mejor.

El más más pequeño

6 de marzo
Martes III cuaresma

Dn 3, 25.34-43 Ahora somos el más pequeño de los pueblos

y sin embargo, en la pequeñez, más grande que todas las estrellas del cielo, más que todas las arenas de las playas marinas, más incontables que las gotas de agua en el océano inmenso; en la pequeñez me miras y me acrecientas disminuyéndome, tú mi Dios. Porque tu ternura y tu misericordia son eternas.

Sed de ti

5 de marzo
Lunes III cuaresma

Salmo 41 mi alma tiene sed del Dios vivo

Soy el corzo que busca corrientes de agua para apagar la sed, la sed profunda, la sed viva, te busco, fuente viva, Dios mío, rey mío. Todo me mueve a ti. Envía tu luz y tu verdad, para que ellas me guíen hacia tu manantial. Tú el Dios de mi alegría, tú mi morada, tú el Dios al que mi cítara canta, tú mi canto enfebrecido, tú, tú, tú.