Tu propia carne

8 de febrero
Domingo IV

Is 58, 7-10 No te cierres a tu propia carne.

Ahora la traducción dice no te desentiendas de los tuyos. Igual ha ganado literalidad, pero ha perdido la fuerza de tu profecía, de tu mandato, de tu ser volcado para los pobres. No te cierres a tu propia carne, nos dices, porque tu carne es carne mía, habitada por mi espíritu. Así es la carne de tu hermano emigrante, pobre, sin techo, hambriento, sediento, en la indigencia, en la marginalidad. Carne divina.

Autor: Nano Crespo

Religioso Marianista, sacerdote. Actualmente trabajo en la pastoral de un colegio en Madrid, precisamente donde estudié y sentí la llamada a la vocación religiosa. Desde hace tres años escribo cada día un comentario a la Palabra de Dios, que me ayuda a encarnarla y a darla a los demás. De alguna manera participo en la misión de María, dando a Jesús, dando su Palabra.

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