Te veré

3 de octubre

Jueves XXVI

Job 19, 21-27  Veré a Dios; yo mismo veré a Dios; yo mismo lo veré, y no otro

Es la confianza de Job, en medio de sus tribulaciones, está hablando de que te verá después de que le arranquen la piel. Confianza, esperanza, acto de fe: yo mismo te veré, cara a cara. Porque al contemplarte como tú eres, Dios nuestros, nosotros seremos semejantes a ti y cantaremos tus alabanzas.

Angeles

2 de octubre

Santos ángeles custodios

Ex 23, 20-23 Voy a enviarte un ángel, para que te guarde en tus caminos

Rezo hoy la oración que rezaba en mi infancia, sin saber que tú habías puesto un ángel para que me guarde en mis caminos, y no me aleje de ti. “Ángel de la guarda, dulce compañía, no me dejes solo, ni de noche ni de día, no me dejes solo, que me perdería”. Tú eres mi dulce compañía, Jesús amado, y al amparo de tus alas me tienes protegido.

el tesoro final

1 de octubre

Santa Teresa del Niño Jesús

Job 3, 1-3.11-17.20-23 Ansían la muerte que no llega y la buscan más escondida que un tesoro.

Pongo en tu mano, Señor, a todas las personas que están agotadas de vivir, que prefieron morir, que no tienen fuerzas, ni ganas, ni esperanza…para las que la vida se les convierte en una carga insoportable. Pongo en tus manos, Señor, a todos los suicidas, a todos los que no intentan, a todos los que en su desesperación y enfermedad mental no son capaces de mantener el don de la vida que nos das. Por ellos, y sus familias, te ruego, Señor de la vida y del amor.

Importante

30 de septiembre

San Jerónimo

Lc 9, 46-50 El más pequeño de vosotros, es el más importante

Y lo dices mientras muestras al niño, que tiene que ser acogido, y no violentado, claro. Y me viene a la mente, ¿al corazón?, el joven que lleva más de un año viviendo en las escaleras de una parroquia de un barrio bien de Madrid, en los que malviven en una isleta de la M-30, cerca de la estación sur de autobuses….de tantos otros…¿verdaderamente son los más importantes? El otro día el cardenal de Madrid nos invitaba a la opción preferencial por las víctimas. Mueve nuestros corazones, Señor.

LLorad

29 de septiembre

Domingo XXVI

Santiago 5, 1-6 Atención ahora, los ricos, llorad

Llorad, nos dice tu Palabra, por las desgracias que se os vienen encima, vuestra riqueza está podrida. Lo que me hace pensar en mis riquezas, tantas, y en cómo me separan de los más pobres, de los más necesitados, de los descartados de la sociedad, de los que están en los márgenes, de los que no cuentan. Mis riquezas, ¿a quién benefician? ¿Me encierran en una cápsula de egoísmo? Es lo que me pregunto ante ti, Señor.

BRAZIL. Maranhao. Sao Luis. 2008.

retorno

28 de septiembre
Sábado XXV semana

Eclesiástico 11, 9-12,8 Antes…de que el espíritu vuelva al Dios que lo dio.

Me has dado tu espíritu y en él vivo, me muevo, existo. Tu espíritu acogido y encarnado. El espíritu que siempre está en tus manos, hasta el día que te lo devuelva, para volver a ti en espíritu y verdad, siendo el que realmente soy. En ti.

Su tiempo

27 de septiembre
Viernes XXV

Eclesiástico 3, 1-11 Todo tiene su momento y cada cosa su tiempo.

Tiempo de nacer, tiempo de morir. Mi tiempo en tus manos. Desde que sale el sol hasta su ocaso. Se que antes del a creación del mundo me elegiste, y estoy en ti, llamado a ser santo e irreprochable ante ti en el amor. Da mi tiempo, que tantas veces se escapa de mis manos, tu consistencia. Gracias.

autoridad

25 de septiembre
Miércoles XXV

Lc 9, 1-6 Les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades.

Muchas veces las enfermedades, Señor, llenan la cabeza de demonios. Te pido, como todos los días, por todos aquellos que sufren en su enfermedad, por todos los que están abatidos, desesperados, por todos los que reniegan de su vida, por todos los que preferirían el abrazo de la muerte a seguir existiendo. Dales tú, Señor, ánimo y fortaleza por medio del poder y la autoridad que nos has otorgado.

Acequia

24 de septiembre
Martes XXV

Proverbios 21, 1-6.10-13 MI corazón es una acequia en manos del rey

Aún recuerdo el momento, Señor, siendo novicio, cuando un verano, en la finca de Logroño, tu Palabra me llegó especialmente, como un dardo iluminado, y me penetró en el corazón. Luego bajé a la acequia, y quedeme y olvideme.