Reconciliación

15 de febrero

VI domingo

Mt 5, 17-37 Si cuando vas a presentar tu ofrenda ante el altar….

Nos pides que nos reconciliemos siempre con nuestro hermano, con cualquier persona con la que tengamos un cortocircuito, una cuita, un rencor, un dolor de corazón, una envidia, un desplante, una mala mirada…más nos vale ir a reconciliarnos con ellos, en tu nombre, antes de presentar una ofrenda inadecuada ante tu altar. Danos sencillez de corazón, humildad para la reconciliación.

paz

14 de febrero
Sábado IV

Lc 10, 1-9 Paz a esta casa

Llegue tu paz, Señor, a todos los hogares que viven situaciones conflictivas, a todas las parejas que están en confrontación, a todas las familias que viven carentes de amor. Trae el don de tu paz a nuestros corazones, para que podamos dar testimonio de tu amor, que es el que realmente mueve el mundo.

Ábrete

13 de febrero
Viernes IV

Mc 7, 31-37 Effeta

Ábrete. Que se abra, Señor, a la fuerza de tu gracia salvadora todas mis cerrazones, todos los prejuicios, todas las ideologías que me tengan aprisionado, todas mis sorderas selectivas que no escuchan el clamor de tus pobres, todo lo que me hace coto restringido al prójimo más necesitado, sea quien sea, venga de donde venga…ábreme, Señor, a ser signo de tu misericordia.

Desapercibido

12 de febrero
Jueves IV

Mc 7, 24-30 Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse.

Así actúas tú. Procurando ocultarte. Tratando de pasar desapercibido. Sin darte importancia. Sin reclamar protagonismo. Haciendo el bien. Sanando todo tipo de enfermedades. Bendiciendo. Signo de la misericordia del Padre.

Interior

11 de febrero
Miércoles IV

Mc 7, 14-23 De dentro, del corazón del hombre.

De mi interior sale el mal, las maldades, los pecados, entre otros los que nos señala el evangelio: robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen a la persona impura. En mi corazón está el mal, antes de echar la culpa al exterior debo mirar a mi interior. Reconocer mi culpa y acercarme a tu misericordia.

Retozo

10 de febrero
Martes IV

Salmo 38 Mi alma se consume y anhela/ los atrios del Señor,/ mi corazón y mi carne/ retozan por el Dios vivo.

No hace falta decir mucho más. Sino dejar que la oración del salmo, que es tu palabra, sea el deseo que meza mi vida.

Convivium

9 de febrero
Lunes IV

I Re 8, 1-7.9-13 Los sacerdotes acarrearon el Arca de la Alianza del Señor

Hoy nos reúne el cardenal de Madrid a todos los sacerdotes de la diócesis, para reflexionar sobre nuestra misión. Danos, Señor, un corazón abierto a las necesidades, entrañas de misericordia, el gesto y a palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado, capacidad de acogida, de empatía, de escucha, de salir de nuestro propio querer e interés. Danos, al menos, educación y disponibilidad ante quien llama a nuestra puerta….Danos ser como tú, buenos pastores en medio de nuestra ciudad.

Tu propia carne

8 de febrero
Domingo IV

Is 58, 7-10 No te cierres a tu propia carne.

Ahora la traducción dice no te desentiendas de los tuyos. Igual ha ganado literalidad, pero ha perdido la fuerza de tu profecía, de tu mandato, de tu ser volcado para los pobres. No te cierres a tu propia carne, nos dices, porque tu carne es carne mía, habitada por mi espíritu. Así es la carne de tu hermano emigrante, pobre, sin techo, hambriento, sediento, en la indigencia, en la marginalidad. Carne divina.

Un corazón atento

7 de febrero
Sábado III

I Re 3, 4-13 Concede a tu siervo un corazón atento

En medio de tantas distracciones como padezco, es lo que te pido, Señor. Concédeme un corazón atento a ti, a mis hermanos, a los que tengo cerca, a los enfermos, a los presos, a los más necesitados. Una atención amorosa, en la que centrar mi vida y cimentarla.

Himnos

6 de febrero
Viernes III

Ecl 47, 2-13 Con todo su corazón entonó himnos, demostrando el amor por su Creador.

Que toda mi vida, señor, se transforme en un cántico de alabanza demostrando así mi amor por ti, en la realidad diaria de un rezo de la liturgia en una comunidad de sordos, desentonados, cada uno a su aire, llenos de buena voluntad.