2 de diciembre
Miércoles I de adviento
Is 25, 6-10 Arrancará de este monte el velo
Arranca, Señor, el velo de mis ojos, para que pueda verte y amarte en todo y sobre todas las cosas. ¡Ven, señor Jesús, no tarde más!

Comentarios diarios a la Palabra de Dios, que ayuden a rumiarla y encarnarla
1 de diciembre
Martes I de adviento
Isaías 11, 1-11 Brotará un renuevo del tronco de Jesé
Siempre esta lectura de Isaías XI trae a mi recuerdo el sabor de una experiencia de fe, de un lugar que surgió de la nada en la sierra de Madrid, de un pozo, de un jardín, de unos árboles, del riego, de la laguna, de los patos, de la Montaña, de amaneceres y anocheceres, de encuentros, de tu presencia singular, Señor, de la oración, de la comunidad, de la acogida, de la disponibilidad. El lugar se llama Isaías XI. Encontraba tu Espíritu posado ahí, por ahí te encontraba como muchacho que pastorea al león junto al cabrito. Aunque ya no voy, me sigues encontrando, pues de esa raíz ha florecido un vástago: ¡ven, Señor Jesús!

30 de noviembre
San Andrés
Rm 10, 8-18 Si tus labios profesan que Jesús es el Señor
Que mi labios profesen que tú eres el Señor, que mis labios canten tu alabanza, que mis labios besen tu rostro de misericordia, que mis labios beban de tu pecho las delicias de tu corazón. Que mis labios, Señor, mi corazón, mi ser entero, sean tuyos siempre, en todo momento, mecidos por el oleaje de tu amor.

29 de noviembre
I domingo de Adviento
Jer 33, 14-16 Mirad
Esta es, Señor, la primera palabra tuya que me llega en este tiempo de adviento, que es todo novedad. Mirad que llegan días en que cumpliré la promesa. dame ojos para mira tu paso por mi vida, tu pascua de salvación, en cada instante, en cada latido del corazón. Dame ojos de fe para saber que tú estás presente en todos los acontecimientos de nuestra vida diaria. Alienta mi esperanza para comprender que en todo momento vienes. ¡Ven, Señor Jesús!

28 de noviembre
Sábado XXXIV
Lc 21, 34-36 Estad siempre despiertos
Que no se embote más nuestra mente embotada, Señor, despiértanos tú en la gran luz de tu misericordia, con el don de tu sabiduría para saber lo que es grato a tus ojos y lo que nos lleva, a cada uno y como humanidad, por el camino de la perdición.

26 de noviembre
Jueves XXXIV
Lc 21, 20-28 Y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo
Estruendo interior que no deja escuchar la verdad del bien y la belleza que todo ser lleva dentro. Estruendo exterior que nos saca de nosotros mismos, nos vierte y nos dispersa. estruendo del oleaje del mundo, que llena de angustia a las gentes. ¿Qué hago, Señor, para compartir el don de tu paz?

25 de noviembre
Miércoles XXXIV
Lc 21,12-19 Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas
Dame, Señor, perseverancia para seguirte en todo momento, según tu voluntad. Para anidar en tu Palabra, y hacerla carne de mi carne, sin fisuras, sin desmoronamientos. Dame tú, Señor, la perseverancia para dar cada día testimonio de tu nombre, sin tener miedo. Dame tu palabra y tu sabiduría, para hacer frente a tanto horror.

24 de noviembre
Martes XXXIV
Lc 21, 5-11 Cuando oigáis noticias de guerras y revoluciones
Catástrofes humanitarias que se deben a nuestra voluntad de hombres y mujeres violentos y sin razón: guerras y barbaries, atentados terroristas, refugiados sin tener a dónde ir, todos aquellos que padecen nuestra falta de solidaridad mundial, todos los días ante nuestros ojos las imágenes del terror, las palabras de repulsa que se tornan vacías y sin voluntad, porque sólo tú, Señor, puedes cambiar nuestro egoísmo en la generosidad que es fruto de tu amor.

23 de noviembre
Lunes XXXIV
Lc 21, 1-4 Esa pobre viuda ha echado más que nadie…
porque todos los demás han echado lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir. Hace dos semanas el sacerdote, en la eucaristía, recordó a Isabel, la chaparrita, que en Chiribel, un pueblo de Almería, todos los años daba entera la pensión de jubilación de un mes, para Manos Unidas, campaña contra el hambre. Dar a los necesitados lo que una necesita, era su lema. Gracias, Señor, porque su ejemplo y generosidad perdura en el tiempo.
