Exulta

15 de diciembre
Jueves III de adviento

Is 54, 1-10 Exulta, estéril, que no dabas a luz

rompe a cantar, alégrate, despliega los toldos de tus tiendas, alarga tus cuerdas, extiéndete, no te sonrojes, olvida la vergüenza de tu soltería, yo, el Señor, entro en ti, te desposa tu Hacedor, tu libertador, el que llena la tierra. Con gran cariño te acaricio con mi palabra, con amor eterno te quiero, aunque los montes cambiasen y vacilaran las colinas no cambiaría mi amor. En esa confianza, Señor, reposa mi alma, se ensancha mi corazón cada mañana.

12-15

Navidad I

Natividad de Nuestro Señor Jesucristo
Misa de la Vigilia

Is 62, 1-5 Por amor de Sión no callaré
Salmo 88 Tú eres mi Padre, mi Dios
Hechos 13, 16-17.22-25 Escuchad
Mt 1, 1-25 El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera

Abro el ser a ti y quedo embelesado en tu venida

Elías

10 de diciembre
Sábado III de adviento

Ecl 48, 1-4.9-11b fuiste arrebatado en un carro ardiente

en una llama de amor viva que tan profundamente hiere en mi alma el más profundo centro que me hace llama, rueda, carro, viento, hoguera, consumación, caballo de fuego, unicornio alado, doncella sin mar, desierto helado, perdido y hallado en ti, Señor.

12-10

Canto y baile

9 de diciembre
Viernes III de adviento

Mt 11, 16-19 Hemos tocado la flauta y no habéis cantado

Regocíjame en ti, señor, hasta caer extenuado en el baile que canta la flauta de tu amor.

12-09

Inmaculada

8 de diciembre
La Inmaculada Concepción

Gn 3, 9-15.20 Por ser la madre de todos los que viven
Inmaculada concepción, blanca generación, bendita sea tu pureza, amada antes de la creación del mundo para ser santa e irreprochable ante Dios en su mismo amor, el espíritu santo vino sobre ti y la gloria del altísimo te cubrió con su sombra, llena de gracia, bendita entre las mujeres, verdaderamente eres la madre de todos los vivientes, la madre del amor hermoso, la madre de Dios, Inmaculada Concepción.

12-08

Fortalecidos

7 de diciembre
Miércoles II de adviento

Is 40, 25-31 Los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas

¡qué verdad!, echan alas como las águilas y con su envergadura llenan el universo, del uno al otro confín, a las olas de sus alas acogen a la multitud que tienen hambre y sed de vuelo eterno, corren y no se fatigan, como el jaguar, caminan y no se cansan, como los peregrinos, que van a él cuando están cansados y agobiados, para que derrame en sus entrañas el perdón del manso, la paz del humilde, el amor del crucificado, la carga ligera de la salvación.

12-07