Reconciliación

13 de septiembre
XXIV Domingo

Mt 18, 21-35 hasta setenta veces siete

Así me pides que perdone. Y para perdonar así solo lo puedo hacer desde tu corazón misericordioso: padre, perdónales porque no saben lo que hacen. Cuando no perdono es porque estoy afincado en mi herida, en mi dolor, en mi rencor, en mi ira, dando vueltas en espiral sobre mi propio ego. Ayúdame a salir de ahí. Perdona tú mis deudas, como yo perdono a mis deudores.

Dulce Nombre

12 de septiembre
Dulce nombre de María

Ecle 22, 19 Venid a mi todos los que me amáis

Ven a mi y sáciate de mis frutos, tú que me deseas. Soy más dulce que la miel, poseerme en más dulce que un panal. Bendito el futo de tu vientre, Jesús. Vida, dulzura, esperanza nuestra.

Entrega

11 de septiembre
Viernes XXIII

I Cor 9, 16-19.22-27 Y todo lo hago por causa del evangelio

A eso aspiro. A vivir anunciando tu evangelio, a recibir tras mi carrera la corona que no se marchita. Aunque si tengo que ser sincero todo lo hago porque me amas, y necesito darme, ponerme en tus manos, sin limitación, sin medida, con una confianza infinita en tu amor, porque tú eres la vida de mi vida.
Hoy hace 37 años que hice la primera profesión como religioso marianista. Tres años antes, hace cuarenta, empecé a vivir en una comunidad. Mil años en tu presencia son una ayer que pasó.

El amor

10 de septiembre
Jueves XXIII

I Cor8, 1-7 El amor edifica

Edifícame en ti, Señor, en tu amor, para amar como tú amas, para amarte en tu mismo amor. Y quede entre las azucenas olvidado.

Fibak

9 de septiembre
Miércoles XXIII

I Cor 7, 25-31 Porque la representación de este mundo se termina

Por eso, y aunque no nos ahorres el sufrimiento de la tribulación de la carne, nos invitas a vivir, en medio de ello, anclados en ti. Anclado en ti. Desprendido de todo lo que no seas tú. Ni llanto ni alegría, ni posesión ni disfrute para que el llanto se torne alegría, y el hambre de la carne se sacie en ti. Una vez más, respondo a tu elección eterna, en medio de la representación de este mundo.

Natividad de la Virgen

8 de septiembre
Natividad de la Bienaventurada Virgen María

Rm 8, 28-30 Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien

Y es cierto. Amarte reconociendo tu amor y tu providencia en mi vida. Nada soy sin ti. En ti cada día es un nacimiento a la gracia, a tu paz. Tú engrandeces la pequeñez de tu siervo, tan pequeño que se cree alguien. Ponme de nuevo junto a María para recibir de ella el don de su sencillez, de su humildad, de su disponibilidad a ti.

Acogido

7 de septiembre
Lunes XXIII

Salmo 5 Que se alegren los que se acogen ti

Y continúa el salmo que pone en mi boca: protégelos, para que se llenen de gozo los que aman tu nombre. Y así es. Ayer celebramos en la comunidad los setenta años de vida religiosa de un hermano. Gracias por su vida de fidelidad. Era también el día de su cumpleaños. Gracias por su vida. Dame sobre él tu mirada, llena de misericordia. Amén.

Plenitud

6 de septiembre
XXIII Domingo

Rm 13, 8-10 La plenitud de la ley es el amor

Amarte sobre todas las cosas. Y que ese amor se haga real y práctico, encarnándose en lo concreto. Que el amarte a ti sea un desposeerme de mi, un renunciar a mis apegos y apetencias. Un dejar que tu gracia, que todo lo puede, me haga más tuyo y menos mío. No se trata, que también, de no cometer adulterio, de no matar de no robar, de no codiciar. Sino de vivir en lo pequeño de cada día la grandeza de tu amor. Sólo tú puedes en mí, Señor.

Dones

5 de septiembre
Sábado XXII

I Cor 4, 6b-15 ¿Tienes algo que no hayas recibido?

Gracias Señor, por el don de la vida, que he recibido. Y a partir de ahí, gracia tras gracias, tus dones, tus bendiciones. Gracias por todo lo que recibido cada día, porque te recibo a ti, y en ti todo. Plenitud. Dame una mirada de fe para ver, y comprender, que todo lo recibo de ti. Y un corazón generoso para darte gracias.

Tus designios

4 de septiembre
Viernes XXII

I Cor 4, 1-15 El pondrá al descubierto los designios del corazón

De nuevo esta semana, Señor, pones delante de ti mi corazón, ofrecido. Tú iluminarás lo que esconden mis tinieblas, pues la fuerza de tu luz hará que todo mi ser resplandezca a la luz de tu verdad. Mira tú, Señor, mi fragilidad, mi debilidad, mis deseos, mi anhelo de ti, y dame lo que más necesite para convertir mi corazón. Hágase en mi según tu Palabra.