Tu Espíritu

17 de diciembre
III domingo de adviento

Is 61, 1-2ª.10-11 El Espíritu del Señor está sobre mi

Es cierto, estás, sobre mí, dentro de mí, me has ungido, has penetrado en mi ser con el aceite de tu salvación, me has consagrado, me desbordas, me has vestido con un traje de salvación, con un manto de alegría, me has coronado con las joyas de tu amor para que sea todo tuyo, sin reservas, y anuncie tu buena noticia a los pobres, para curar los corazones desgarrados, para proclamar tu año de gracia y amor, ¡ven señor Jesús!

Tu dicha

16 de diciembre
Sábado II de adviento

Eclesiástico 48, 1-4.9-11b Dichosos los que te vieron y se durmieron en el amor

Verte. Contemplarte. Y caer rendido. ¡Ven, señor Jesús! Déjame en ti perdido, entre las azucenas olvidado, pues ni guardo ganado ni ya tengo otro oficio que tan solo en amarte es mi ejercicio.

Tu bien

15 de diciembre
Viernes II de adviento

Is 48, 17-19 Yo, el Señor, te instruyo por tu bien

Gracias. Úneme a ti, para que aprenda de tu vida. ¡Ven, Señor Jesús!

tu manantial

14 de diciembre
San Juan de la Cruz

Is 41, 13-20 Transformaré el desierto de marismas, los manantiales en fuentes de agua

Que yo bien se la fonte que mana y corre, cristalina fuente, eres tú, te bebo y no tengo más sed, en esos tus semblantes plateados me reflejo, me sumerges y me llenas de tu hermosura, y de mirtos, acacias, rosas y laureles, me dejas en ti, recostado, y a tu sabor reposo, ¡ven, señor Jesús!

Tu consuelo

12 de diciembre
Martes II de adviento

Is 40, 1-11 Consolad, consolad a mi pueblo

Tú me das el consuelo para consolar en tu nombre. Tú llegas, tu recompensa te precede. Tu abrazo de misericordia y perdón, las lágrimas que recoges en tu odre, el perdón y la paz, la belleza de la flor campestre, el momento de tu venida, los cielos abiertos, la luna que llega para resplandecer en tu hermosura, el consuelo de la belleza, de la verdad, del ser en ti instrumento de salvación. ¡Ven Señor Jesús!

Tu flor

11 de diciembre
Lunes II de adviento

is 35, 1-10 Florecerá como flor de narciso

Revestido de tu hermosura florezco, flores esmaltadas, y digo que por mí pasas, y tu esplendor me conmueve, y festejo con gozo tu llegada, y prorrumpo con cantos de júbilo, el tambor de mi corazón, bendito eres por siempre, Señor, fortaleces mi debilidad, en tu debilidad me haces fuerte, al amparo de tu pesebre y de la cruz. ¡Ven Señor Jesús!

Tu gloria

10 de diciembre
II domingo de adviento

Is 40, 1-5.9-11 Se revelará la gloria del Señor

Porque al contemplarte como tú eres, Dios nuestro, seremos para siempre semejantes a ti y cantaremos eternamente tus alabanzas. Este deseo me mueve, esta es tu promesa, que me sostiene, esta es la dicha a la que me llamas, mientras me preparas un camino para caminar por mi vida, por los acontecimientos de la vida diaria donde en cada instante me haces tuyo y me colmas de tu amor. ¡Ven Señor Jesús!

Herida del pueblo

9 de diciembre
Sábado I de adviento

Is 30, 19-21.23-26 Cuando el Señor vende la herida de su pueblo

Escuchas siempre el clamor de tu pueblo, su opresión, y en Juan Diego lo muestras una vez más. Y en tu madre te vuelves siempre a los sencillos y humildes de corazón, con un mensaje de amor, de confianza, de reconciliación, de fortaleza, de liberación. ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre, y tu padre, y tu vida, y la fuente de tu amor? ¡Ven, señor Jesús!

Inmaculada

8 de diciembre
La Inmaculada Concepción

Ef 1, 3-6 Nos ha predestinado, antes de la creación del mundo, a ser santos

Santos e irreprochables en tu mismo amor. Desde siempre y para siempre. Desde antes de la creación del mundo, lo que no acierto ni a imaginar. Ahí está tú, creando mi ser, sosteniendo mi ser, eligiéndome, llamándome, acunándome, en el seno de María Inmaculada, toda tuya en el amor.