11 de abril
Sábado octava de pascua
Mc 16, 9-15 Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana
Las aves del alba con su canto de plumas. El rocío que comienza ya a mojar cada piedra, las hojas de los árboles. Nada puede verse, todo es luz que deslumbra. El verdor naciente de la tierra estalla en primavera. El canto intermitente del mirlo, oculto en la hendidura de la roca, la piedra corrida. El alba aparenta toda como un canto. Todo está en la cumbre, bien dispuesto para la vida. Como si allí nadie supiera de la muerte. Miro llegar la luz. Oigo los verderillos del amanecer. Tu vida amado, Cristo comienza a hablar en mí.
