22 de noviembre
Santa Cecilia
Salmo 149 Cantad al Señor un cántico nuevo
Hacerme canto para ti. Renovarme en la melodía de tu amor. Para ti es mi música, Señor. ¿Cuándo vendrás a mí?

Comentarios diarios a la Palabra de Dios, que ayuden a rumiarla y encarnarla
21 de noviembre
La prestación de la Santísima Virgen
Za 2, 14-17 Calle toda carne ante el Señor
En silencio. En tu silencio. En el silencio. Presentarme ante Ti. Ser presentado. En el silencio que todo lo abarca, que lo renueva todo, que lo transforma todo. En el silencio del universo creado por ti. En el silencio con el que antes de la creación del mundo has dispuesto que sea para ti, que en ti sea, me mueva, exista. En el silencio de tu templo encarnado, para proclamar tu grandeza y alegrar mi Espíritu en el que me alegra. Que calle mi carne y muera yo.

20 de noviembre
Martes XXXIII
Ap 3, 1-6.14-22 No eres ni frío ni caliente
Tengo nombre de vivo pero estoy muerto. Creo que estoy en vela pero me va a sorprender el ladrón. No soy frío ni caliente. Soy desventurado y miserable, pobre, ciego y desnudo. Si me dejo llevar por las acusaciones del apocalipsis encuentro, Señor, reflejado lo que soy sin pretenderlo, sin darme cuenta. Pero encuentro a lo que me llamas: a reanimar lo que queda, a ser vestido por tu gloria, a participar de su victoria sobre el mal. Revísteme de tu belleza y déjame morir en ti.

19 de noviembre
Lunes XXXIII
Ap 1,1-4. 2,1-5ª Dichoso el que lee y dichoso los que escuchan las palabras
Dichoso soy cuando abro los ojos y leo en tu palabra, y en la realidad admiro tu palabra encarnada, tu ser que se manifiesta en lo escondido entre líneas. Dichoso, Señor, cuando escucho tu palabra, y me vacío para acogerla, y me hago seno de tu encarnación. Dichoso cuando escucho tu voz, tu susurro, tu bramido, en la realidad de nuestro mundo que clama hacia ti en medio del apocalipsis de nuestro mundo actual. Dame ojos para verte y oídos para escucharte.

18 de noviembre
XXXIII Domingo
Mc 13, 24-32 El está cerca, a la puerta
Estás a la puerta y llamas. Tú eres la puerta. Todas las puertas están entornadas para que entremos a tu presencia. Tú traspasas nuestras puertas. Toda la realidad es una puerta que me conduce a Ti, Señor del universo. Entrar por tu puerta, porque tú estás cerca, porque tú llamas. Entrar a través de una mirada nueva, iluminada. Entrar por la puerta de la higuera, pues cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, sabemos que el estío está cerca.

17 de noviembre
Sábado XXXII
Lc 18, 1-8 cómo tenían que orar sin desanimarse
Orar sin interrupción, orar constantemente, orar sin desfallecer, orar coni nsistencia.. Orar sabiendo que no oro yo sino tú oras; orar sin esperar nada a cambio. Ni sentimientos, ni afectos, ni deseos, ni logros. Orar por amor, con amor, en el amor. Orar con fidelidad. Orar con todo el ser aburrido, distraído, enajenado…pero con ganas de darme cuenta qué tú estás, que tú eres y me pones en oración, vacío de todo para ti. Hazme en ti oración, Señor.

16 de noviembre
Viernes XXXII
Lc 17, 26-37 El que pretenda guardar su vida, la perderá
Torpe y duro de corazón para comprender esta verdad, que se hace tan manifiesta cada día. Cuando vacío mi orza de aceite tú la llenas, cuando pongo la fe en ti, y no en mis realizaciones, tú me aumentas la fe y me das la vida verdadera; cuando se me siervo inútil me libero de mí mismo, y al no esperar nada recibo todo; cuando me postro ante ti desaparezco y me recobras en tu amor crucificado; cuando se que no vienes espectacularmente tu Palabra llega cada día y llena la vida de tu luz encarnada.

15 de noviembre
Jueves XXXII
Lc 17, 20-25 El reino de Dios no vendrá espectacularmente
Aquí estás: haciendo de mi tiempo, del ahora mismo, tiempo de salvación. ¿Y aún quiero mayor manifestación? Pon fe en mis ojos para ver; fe en mis oídos para escuchar tu palabra y entenderla; fe en el corazón para, en el silencio de tu amor, saber que estás de la manera más sencilla, más pequeña, más habitual.

14 de noviembre
Miércoles XXXII
Lc 17, 11-19 Se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole las gracias.
Como el leproso que ha quedado limpio de su lepra, postrarme y agradecerte; postrarme y adorarte; postrarme y reconocerte Señor y Salvador; postrarme y amarte; postrarme y desaparecer en la postración para no ser simplemente alabanza de tu gloria, como el pájaro que canta y eleva su canto hacia ti. Fundido en la tierra, a tus pies.

13 de noviembre
Martes XXXII
Lc 17, 7-10 Somos siervos inútiles
El misterio de decir esta frase, Señor, con verdad, desde lo más profundo del corazón, es el misterio de la humildad, de la donación, de la confianza en tu dinámica de la salvación. Del no querer ser ni tan siquiera ser para ser en Ti no siendo. Rechazar toda apariencia, todo reconocimiento, toda recompensa. No buscar nada que no venga de tu misteriosa donación de gracia, de tu ir creciendo en mi inutilidad sin que yo bien sepa cómo.
